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TRIBUNA

La banalidad de los argumentos

viernes 03 de junio de 2016, 23:26h

Con la “banalidad” de los argumentos quiero expresar que intuyo que se da una cierta “anomía” en nuestro tiempo, marcadamente electoral. La banalidad, como concepto, está ligado a la famosa “banalidad del mal”, una definición que Hanna Arendt aplicó al comportamiento criminal de Adolf Eichmann, uno de los responsables prácticos del asesinato masivo de los judíos y de otras minorías odiadas por los nazis. La falta de responsabilidad, el idiotismo moral, traducen el significado de banalidad, en su grado máximo. El concepto de “anomía”, que en griego significa “falta de orden lógico”, fue desarrollado por Émile Durkheim (1859-1917), uno de los fundadores de la sociología moderna, junto con Karl Marx y Max Weber. La anomía de Durkheim se puede asociar con la “alienación” marxista y el “extrañamiento” weberiano, conceptos que sirven para describir a unos individuos o grupos sociales que viven en un estado mental o ideológico caracterizado por errores racionales o fantasías lógicas.

Esta semana he percibido varias sensaciones banales.

Estuve presente en un debate entre cuatro portavoces parlamentarios de Castilla y León. En sus Cortes, debatieron Carlos Fernández Carriedo (PP), Luis Tudanca (PSOE), Pablo Fernández Santos (Podemos) y Luis Fuentes (Ciudadanos), convocados por el Foro de Brañosera, una espléndida iniciativa que lleva adelante el municipio palentino de Brañosera, el primer ayuntamiento de España, pues su carta fundacional es del año 824.

Esa iniciativa brañoserense se caracteriza por intentar que la política deje de ser banal. Jesús Mediavilla, alcalde socialista, y José Luis Ruiz, Javier de Mier y Javier Adán, responsables municipales, constituyen una corporación democráticamente ejemplar. Con ellos, Brañosera desmiente todos los tópicos actuales sobre la política, los políticos, y de paso son un alegato formidable contra ese mal pensado intento de suprimir los pequeños ayuntamientos por caros e inútiles. El equipo municipal de Brañosera tiene capacidad para gobernar ciudades grandes, Madrid, Barcelona ¡o San Petersburgo!, pues son profesionales técnicos de alto nivel (desmienten también ese error de las incompatibilidades estrictas y de las llamadas puertas giratorias, que aíslan y empobrecen intelectualmente la representación democrática), lo hacen por vocación, y han hecho de Brañosera una marca de calidad promoviendo la cultura y el debate en el seno de la sociedad civil, y no sólo en su municipio.

Pero vuelvo a la banalidad. El debate entre los cuatro portavoces tuvo interés, y todos ellos lo hicieron bien, incluso muy bien. El moderador, Eduardo Gordaliza, un periodista de la televisión regional, condujo el debate conociendo a los participantes. La conclusión que surgía al escucharles es que quieren acuerdo entre ellos después de las elecciones. Podemos, que hasta ahora se ha negado a cualquier compromiso, en este momento parece estar dialogante, pero su exigencia de medidas a favor “de la soberanía de los derechos sociales”, lo hace muy dudoso. ¿Existe algún país que haya llegado a ese modelo mediante unas propuestas como las de Podemos? Y en cuanto al otro partido no dialogante, el PP, Carlos Fernández Carriedo se mostró todo lo contrario, sólido y abierto. El caso es que el PP arrastra la fama de no querer acuerdos que supongan para él perdida del poder, y de faltarle empatía con los demás rivales electorales, a los que ataca sin consideración alguna. ¿Es preparar un posible acuerdo con los socialistas argumentar que Pedro Sánchez está debilitado por su propio partido?¿Creen en el PP que el PSOE pactará con ellos si Sánchez pierde? ¡La banalidad argumental está ahí! Cuando el discurso electoral es hiriente y no se ciñe a la verdad, la consecuencia será que el acuerdo es casi imposible, y en cualquier caso tampoco será sincero.

La banalidad lleva a no dar importancia a no cumplir las leyes y la Constitución. Sucedió el 2 de Junio en la Diputación Permanente del Senado. Todos los senadores miembros y todos los grupos parlamentarios adoptaron un acuerdo unánime para no cumplir las leyes y la Constitución, y lo hicieron después de que fueron formalmente advertidos de ese incumplimiento por los servicios jurídicos del Senado. El hecho se resume en que Valencia, en esta legislatura que comenzará el próximo 26 de Junio, tiene menos habitantes que en la que termina ahora. Por lo tanto, Valencia debe perder un escaño en el Senado. La Constitución es meridiana: “Las Comunidades Autónomas designarán además un senador y otro más por cada millón de habitantes de su respectivo territorio”. La Mesa y los servicios jurídicos del Senado advirtieron de esa perdida por aplicación de las nuevas cifras oficiales de población. En Valencia se organizó la conocida protesta contra sus derechos autonómicos, y los grupos parlamentarios se pasaron por el arco del triunfo la Ley fundamental y lo que haga falta. Con la misma lógica, mañana se podría elegir un senador más en las restantes Comunidades, para así mantener las proporciones autonómicas.

El libro de Juan Francisco Fuertes, “Con el rey y contra el rey. Los socialistas y la monarquía”, me confirmó la banalidad del contagioso republicanismo de esta temporada. Presentaron el libro Santos Juliá, José Bono, la editora, Ymelda Navajo, y el propio autor. El compromiso del PSOE con la monarquía de la Constitución aparece en este estudio histórico como el hecho crucial que sirvió para consolidar la democracia en España. Es un surco tan profundo, que el PSOE seguirá en él.

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