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Marañón, Ortega, Unamuno

viernes 13 de junio de 2008, 21:49h
Hay una extensa y longeva polémica sobre la idoneidad de editar epistolarios. Hacer públicos los escritos privados e íntimos que se concibieron para ser trasmitidos exclusivamente a la privacidad del otro, completa y descubre facetas, arroja luz sobre las vidas y obras de los personajes públicos pero, a la vez, les vuelve vulnerables y prejuzga su legado.

Por eso en las obras completas de los grandes autores las colecciones de sus cartas se sitúan en los últimos tomos o, simplemente, no aparecen, para que no se distorsione su legado intelectual y los interesados en materia alcancen -eso sí, tras leer, asimilar, reflexionar y disfrutar la obra en sí- un universo más completo de los autores, al descubrir en las líneas epistolares los matices que sus relaciones y vivencias personales y su forma de ver el mundo puertas adentro terminaron por modelar definitivamente su legado.

Este es el guiño que nos hace con pulcritud y brillantez el historiador Antonio López Vega sobre tres de nuestros mejores intelectuales en su reciente estudio Epistolario inédito: Marañón, Ortega, Unamuno donde nos facilita la tarea de encontrar más allá de sus obras el cincel último e íntimo que los autores de Antonio Pérez, La Rebelión de las Masas y La Agonía del Cristianismo utilizaron para sus reflexiones públicas vertidas en libros, periódicos o tertulias.

La labor exhaustiva de López Vega -se advierten en las páginas de este nuevo libro horas de archivos y hemerotecas- nos permite disfrutar, sin lagunas cronológicas ni interrogantes ante los sobreentendidos entre coetáneos, bellas páginas repletas de contenidos que cada uno de los autores desarrolla, ya pulidos, en sus intervenciones y escritos públicos. De ellos merece la pena hablar de uno que queda bien reflejado en las líneas de estas correspondencias y que destaca sobre el resto pues no sólo conjuga altura intelectual y compromiso vital, sino que, además, en los tres casos la ejecución elegida fue por vías muy diferentes pero con el mismo objetivo: la vocación de otorgar Estado a una nación. “¡Españoles, vuestro Estado no existe, reconstruidlo!” gritó Ortega en noviembre de 1930 a través de las páginas del diario El Sol.

La anatomía de este grito se perfila perfectamente a lo largo del epistolario y gracias a esta reciente edición crítica, las posibles lecturas distorsionadas de los que se acerquen a Marañón, Ortega o Unamuno sin conocer su obra -lo que ocurrió cuando hace apenas siete años se publicó inédito parte de este epistolario-, quedan reducidas a los que obvien el estudio introductorio del editor crítico.

Margarita Márquez

Historiadora

MARGARITA MÁRQUEZ es historiadora y periodista

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