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DEBATE A CUATRO: ABURRIDA MEDIOCRIDAD

martes 14 de junio de 2016, 00:32h
Ni una ironía certera. Ni un análisis sagaz. Ni un fogonazo verbal. Vulgaridad...

Ni una ironía certera. Ni un análisis sagaz. Ni un fogonazo verbal. Vulgaridad, vulgaridad, vulgaridad. Lo que ha predominado en el debate ha sido la mediocridad, la aburrida mediocridad. Cada uno de los cuatro líderes repitieron monótonamente lo que vienen diciendo desde hace seis meses.

Discreta la parafernalia escenográfica. Certeros los profesionales del periodismo, aunque sin excesos. Rajoy estuvo sereno y convincente. Pablo Iglesias, brillante a ráfagas. Pedro Sánchez no perdió nunca el aspaviento del perdedor. Albert Rivera, sobrio y eficaz, aunque sin carisma.

Los cuatro púgiles han estado más preocupados por no cometer errores que por acertar. Salvo en algunas ráfagas sobre la corrupción, han aburrido hasta a las ovejas. No ha quedado claro ni siquiera el compromiso de que no será necesaria la atrocidad de acudir a unas terceras elecciones. Tampoco el alcance de las reformas que son necesarias. No se habló de la nueva ley electoral. Tampoco, con la debida extensión, de la reforma constitucional que exigen hoy las nuevas generaciones.

Lo único que quedó claro al término del debate es el predominio de los intereses de los partidos sobre el interés general. Ninguno de los cuatro líderes se atrevió a proponer la reducción del desaforado gasto público ni tampoco el de los propios partidos.

El debate njo lo ha ganado ninguno de los cuatro contendientes, si bien Mariano Rajoy ha superado una prueba que podría haberle hundido y no ha sido así; Pedro Sánchez no ha sido capaz de derrotar a Pablo Iglesias y el sorpasso amenaza su liderazgo. El debate a cuatro, en fin, ha dejado las cosas más o menos como estaban.