La sombra de la antena es alargada y algunos no nos acabamos de creer la conveniencia de que se celebren estas pantomimas de la audiencia, en las que sale Campo Vidal subiendo y bajando las escaleras, recogiendo a sus señorías a pie de coche y haciéndose la foto, que nos dejan igual que cuando nos sentamos delante del televisor: indiferentes. Así que Madrid se convirtió anoche, veinticinco grados a la sombra, en un Palacio Municipal de Congresos lleno de periodistas en el que una regidora daba gritos a los fotógrafos. En el “Debate a cuatro” de ayer que retransmitieron todas las televisiones –exceptuando La 2, que contraprogramó con una copia restaurada de Vida en sombras (1948)– Pablo Iglesias abrió fuego denunciando que en España tres millones de conciudadanos han dejado de ser clase media y que los millonarios, desde la crisis, han crecido un 40% en sus galaxias de oro. Con unos papeles de Panamá, así cualquiera. Twitter chisporroteaba de hashtags, del #DebateA4 al #Debate13J pasando por otros improperios “hashtagizados”.
Dicen los castizos que nadie puede saltar fuera de sus calzoncillos y ayer los cuatro candidatos se dieron una ración de ácido lisérgico bajo la apariencia de un debate concienzudo, “moderado” –por decir algo– por Ana Blanco– nuestra Dorian Gray del gremio televisual, un ajeno a este mundo Pedro Piqueras y un fino Vicente Vallés que puso contra las cuerdas a los candidatos en más de dos ocasiones. Pues eso: que no hubo tal salto en el esperado striptease, ni clímax, ni anticlímax, como sucede cuando se les sienta muy cerca Susanna Griso y saca sus dados del sex shop con “chupa y besa”. Que no es lo mismo la Griso que la Blanco, que es más como una madre y aquella el rubicundo objeto del deseo político. “Es un poco duro esto de controlar el tiempo”, dijo Ana Blanco ante nuestra sorpresa: cualquiera lo diría, hecha como está inmortal catódica, campeona de Cronos y cómo nos va enterrando a todos, década tras década, sin una arruga asomada al rostro. Muy pronto parecerá la hermana pequeña de la Griso. Al tiempo.
Sin embargo, sí hubo tiempo para las declaraciones de amor y vimos a un Pablo compungido tirándole los tejos políticos a Pedro “Ps” Sánchez, el hombre traje, al que se le pudo escuchar la carcajada y un sarcástico “Me emociona”, estilo sargento insensible mofándose de sus reclutas en el barracón, ante la petición del líder de Unidos Podemos de ir juntos contra Mariano, ahora que ha pasado de comunista a socialdemócrata con corazón primaveral. Son las calabazas del jugador de baloncesto al peronismo descamisado. El chico duro, cual hombre-G, anunció que si ganaba las elecciones iba a crear un recargo de solidaridad para gravar al Ibex 35 y a montar de paso un FBI a la Europea. Y nosotros con estos pelos y ellos en Alcalá Meco de sobresalto cardiovascular, entre partidita y partidita y ponme unos mejillones en escabeche, pero de los grandes. Mariano no se quedó cortó y anunció que si nos condenaba a un nuevo Ejecutivo suyo, desarrollaría un plan Marshall para África, que nos suena como mandar a Pepe Isbert a Mali para que lo secuestre Al-Qaeda del Magreb Islámico y luego pagar el rescatón, traerlo en avión y hacerle muchas fotos y una rueda de prensa. No sin antes asegurarnos que él iba a crear no medio, ni uno, sino dos millones de puestos de trabajo. No sabemos cómo: será por los pluses del verano, cerveceo frenético y el turisteo, Mariano, porque otra cosa…
Dijo Mariano que “esto no es una selva” –no sabemos si se refiere a su partido, entramado frondoso y boscaje pútrido de gúrteles, taulas y púnicas– y Pablo añadió que había que abrir las ventanas de Génova para que entrase el aire limpio y quitarle el agua al pez, todos muy animalistas, naturalistas y muy PACMA, a lo que se ve. Y Albert Rivera, el amigo del Ibex 35 –recordemos sus cenas a puerta cerrada con el Foro Puente Aéreo (ACS, Endesa, Repsol, Acciona, Grupo Godó, Gas Natural) para ir preparando el escenario del poder– agitaba El Mundo para darle un papirotazo venezolano a Pablo. Tanta prisa, Albert… y mira, tus naranjitos de la derecha bajando en las encuestas. Hubo tiempo para los huevos duros de Una noche en la ópera de los Marx, pero mal citados –de los dos del cine, Pablo los amplió a tres–; también Mariano evocó la Cortes de Cádiz de 1812 en un arrebato constitucionalista decimonónico y abrió el libro de La Inquisición española de Henry Kamen y enseñó el grabado de Albert, Torquemada redivivo.
El asunto de los refugiados se zanjó a manera de ráfaga o spot y la cuestión palpitante del Brexit o la de la educación y la cultura simplemente se obviaron. A la una de la madrugada, después del baño de flashes y alcachofas de la junta tumultuosa de periodistas –ese parlamento de papel– y de camino a celebrar en Ferraz su “éxito” y rezarle a sus dioses, “Ps” recibió el bofetón de la madre Naturaleza en forma de rama de árbol mientras se grababa un vídeo de Narciso. Hasta la tierra se rebela.
“España, España, aparta de mí este cáliz” dijo César Vallejo. En una ocasión, el genial Luis Sánchez Polack “Tip” salió a escena con un periódico en ristre con el que le atizó de lo lindo al elenco: “Hay que pegarles periódicamente”, decía mostrando el diario. A algunos nos entran ganas de darles a los cuatro del Apocalipsis televisual de anoche, pero con un dominical, con su suplemento de lomo firme, su catálogo de El Corte Inglés y de Ikea y sus zapatillas de esparto y gafas de sol. Para que nos recuerden, mi vida.
@DavidFelipe1975