Es fácil responder esta pregunta. Quien lo viera sin pasión, o sea casi nadie, dirá: Rajoy. Mentira, mentira y mentira. Yo, que pienso que la razón es apasionada o no es razón, levanto acta de una obviedad: no lo ganaron Rajoy ni Sánchez ni Iglesias. Lo ganó, pues, Rivera. Lo ganó, en efecto, el candidato de Ciudadanos, pero casi todos los medios de comunicación mantendrán que lo ganó Rajoy o Iglesias. Ni siquiera El País se ha atrevido a llevarle la contraria al Gobierno; El País da ganador a Iglesias, sin atreverse a editorializar en serio sobre su candidato preferido, porque es lo que le interesa a Rajoy: asustar al votante medio con los revolucionarios de Podemos, por eso dicen, en primera, que “Iglesias ganó el debate a cuatro”, para que voten al PP. Unos, como El País, por pactos subterráneos con el Gobierno en funciones, y otros, como La Razón, ABC, 13 TV, COPE, Onda Cero, Radio Nacional, etcétera, porque mantienen líneas ideológicas similares a las del PP, dirán que el debate a cuatro lo salvó Rajoy. Falso de toda falsedad.
Y, sin embargo, esa falsedad determinará aún más la complejidad del panorama político que muestran las encuestas. Creo que el asunto más preocupante que, quizá nos lleve a unas terceras elecciones, se pasó por alto durante el debate. Es un asunto que tiene que ver con la pedagogía política y con la posición inmovilista de Rajoy. Me refiero a la primera intervención de Rajoy: “digan aquí”, preguntó retóricamente Rajoy a los tres candidatos, “si dejarán o no gobernar a la lista más votada.” Todos callaron. Todos exhibieron una carencia absoluta de pedagogía política. Todos nos engañaron: tanto el que preguntaba como los que guardaron silencio. Ante esa pregunta, Rivera, Sánchez e Iglesias tenían que haber explicado a los espectadores que el presidente no se elige directamente sino a través de los grupos parlamentarios.
Pero, sobre todo, el resto de candidatos tendría que haberle pedido a Rajoy que cambiase de actitud. Su posición no nos ha llevado a ningún lugar. Es puro inmovilismo Ahí reveló Rajoy su verdadero ser: o él, el candidato más votado, o el caos. Han pasado seis meses y Rajoy sigue sin cambiar de mentalidad. La falta de cintura de este político, por decirlo metafóricamente, nos puede llevar a unas terceras elecciones. Imagínense, queridos lectores, si en vez de pedir que le dejaran gobernar por ser el más votado, hubiera dicho: reconozco que, ahora, no tiene por qué gobernar la lista más votada sino la coalición que consiga más apoyos; díganme las nuevas, por favor, las nuevas condiciones que ponen ustedes, señores de Ciudadanos y del PSOE, para conformar un Gobierno con el PP. Díganme, sí, cuáles son las novedades para conformar un Gobierno y discutámoslas aquí y ahora. Lleguemos a un acuerdo en este debate. Pero nada de esto dijo. No dejó a sus oponentes fuera de juego. Por eso, precisamente, perdió el debate.
Quizá esto que planteo sea política ficción, ¡quién lo sabe!, pero estoy seguro de que hubiera ganado, de verdad, y no por lo que dicen sus lacayos, el debate a cuatro… Pero Rajoy prefiere apostar a lo seguro, es decir, o Rajoy o Iglesias, aunque eso implique la desaparición de la democracia española.