El "no" irlandés
sábado 14 de junio de 2008, 01:29h
Irlanda ha votado “no” al Tratado de Lisboa, sumiendo a la Unión Europea en una nueva y profunda crisis. Según los datos oficiales, los irlandeses han rechazado el plan B de la Constitución Europea de forma rotunda, tanto que dos de cada tres votantes ha votado en contra del tratado. Mientras la ratificación en los demás países tiene o ya ha tenido lugar en el Parlamento, Irlanda era el único país que sometía esta decisión a referéndum. El rechazo irlandés parece sumir a Europa en una nueva crisis, sobre todo teniendo en cuenta que el Tratado de Lisboa ya representaba una “rebaja” de la Constitución Europea después del rechazo anterior franco-holandés.
La decisión de Irlanda de convocar un referéndum en materia europea ha resultado un azar, convirtiendo la votación en una verificación sobre la acción del gobierno promotor del mismo. Sin embargo, resulta preocupante que el voto de apenas un millón y medio de ciudadanos a un tratado que no prevé grandes cambios o nuevas políticas devuelva Europa a una situación de crisis.
Los esfuerzos para reformar las instituciones europeas han sido invalidados por el voto de un solo país, mientras 18 ya han dado el propio “sí”. Además de ser cuestionable desde el punto de vista democrático, la regla de la unanimidad frena la evolución de la UE y preocupa en cuanto a que en un futuro serán necesarias 27 ratificaciones para cualquier cambio en el tratado. El resultado de Irlanda, país que ya rechazó el Tratado de Niza en 2001, obliga la UE a un replanteamiento estratégico y una asunción inmediata de responsabilidad. De esa manera, la reunión del Consejo Europeo de la próxima semana asume gran relevancia: los líderes de los 27 miembros tendrán que enfrentarse a la nueva crisis abierta en Dublín. En primer lugar los jefes de Estado y de Gobierno tendrán que replantearse los precarios equilibrios que rigen la UE. Además, la próxima cumbre deberá también decidir si el proceso de ratificación continúa en los restantes países (entre ellos España) o se paralizará del todo. En caso favorable, los líderes europeos tendrán que buscar la manera para contener una posible negativa reacción en cadena, un efecto dominó que podría dividir aún más la UE entre países euro-escépticos y pro-europeos.
De todas formas, si la UE decide no seguir adelante con la ratificación, el sistema seguiría funcionando con el Tratado de Niza de 2001, aunque este no parezca preparado para una UE de 27 miembros. Una posibilidad concreta podría ser que las ratificaciones sigan adelante e Irlanda repita la votación tras añadir al tratado alguna garantía que satisfaga a los irlandeses. Sin embargo, una vez más, la Unión Europea asume la forma de un organismo a múltiples velocidades, donde los intereses estatales no consiguen convertirse en supranacionales.