Ambiciosa, potente y compacta resulta esta poderosa novela que narra los acontecimientos de horror que poblaron la ciudad de Los Ángeles a partir del brutal asesinato por parte de la Policía del obrero negro Rodney King. La acción transcurre en menos de una semana como vaticina el título, de finales de abril a principios de mayo de 1992, año en que curiosamente la ciudad vio celebrar los Juegos Olímpicos. Pero no en el barrio de Lynnwood, o no al menos con la deportividad que desde Europa muchos esperaban.
Armada en más de quince voces distintas que describen y muestran la acción desde el registro más absolutamente trágico de la épica shakesperiana, la novela que en su presentación podría ser la biblia de la serie que a raíz de este material va a filmar la cadena de televisión HBO, muestra los asesinatos de bandas raciales que tras la mutilación y tortura de Ernesto Vera, desatan en varias bandas por parte de sus familiares, amigos o líderes de un grupo que poco a poco se van llenando de esa mala reputación propiciada por la supervivencia de un lumpen enfrentado a los Vikings, pero que ofrece múltiples ramas de transversalidad y multiplicación, casi tantas como personas hay hablándonos del tema.
La ira que en un principio vemos reflejada en el cuerpo y mente de Payasa (hermana de Ernesto) va cobrando forma, a veces deformándose del todo, para llegar a través de Termita a su redención, la del hombre ilusionado que fue en su inocencia y que ahora y a través de un elemento tan artístico como primitivo (la vida de estas personas ya supondrán que vale menos que nada) como es el graffiti logra vengarlo a su modo, redimir lo que no tiene solución, dando su vida de nuevo por él con el acto vandálico, o considerado así, de firmar en nombre de una libertad que tampoco existe, una especie de autobús de línea que le servirá para viajar si acaso sólo mentalmente a Arizona de por vida.
La existencia de un trozo de chicle con su papel en la escena del crimen, desaparecerá como a mitad del desarrollo de las tramas principales, pero servirá para que por bendita casualidad su hermana Lupe Vera conozca a Joker en todo su esplendor. Pero esto sólo es el detonante de una acción que empieza a centrifugarse y aislarse mediante las voces de unos personajes desnortados por el consumo de la droga del PCP (Mosquito), furiosos por la aparición de nuevos crímenes (Momo), o rabiosos por la posible pérdida de poder de las bandas (Gran Peligro). A la vez que detonante, Gattis se sirve de los Vera para cerrar la acción, de tal modo que en el quinto día, poco antes de un sexto que sirve de epílogo, Termita acude al entierro de su amigo, encontrándose con una tostada por la que se le obliga a elegir entre el arte y el crimen, entre la marginalidad y una redención por el trabajo que resulta tan débil en su entorno, como poco práctica para él.
Pero sobre todo, Seis días narra algo más que todo eso, y son sus postrimerías, el antes y el después de la acción, que resulta tan devastador y desesperanzado, como el hecho de que lo que se nos cuenta no se hace desde la omnisciencia de un Dios que todo lo ve, sino que ésta es una parte infinitesimal de una condición humana siempre mejorable, pero perfectamente empeorable; una condición que traspasa la locura en una ciudad llena de humo y gases tóxicos que recuerda más a Kuwait que a los Estados Unidos, donde la guerra está servida.
Evoca en su desarrollo también por lo tremendo a The Wire y por esa visión caleidoscópica de las tramas y los personajes, esa narrativa que, en este caso queda rota, ya que escribe sobre vidas resquebrajadas o en estado de putrefacción. Y todo ello contando con que la agonía y el sentirse zombies no les son tampoco ajenos a los que no están metidos en esos líos, léase una enfermera, un bombero, un militar o un guarda forestal.
En suma, el retrato de una ciudad que en seis días destruye lo que en doscientos construyó o se forjó como civilización, no debe tener de recomendable, más allá de los Juegos Olímpicos, más que la certeza de que hay hechos que son mejor vivirlos desde la distancia o la ficción.