POCO A POCO
Sí al Brexit, claro que sí
Borja M. Herraiz
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borjamotaelimparciales/10/5/10/22
lunes 04 de julio de 2016, 17:22h
Actualizado el: 07/04/2016 17:37h
Pasado el prudencial periodo de reflexión posterior a la confirmación del Brexit, cabe preguntarse cómo hemos llegado a este punto en el que uno de los buques insignia de la construcción europea abandona el barco por una ciudadanía mitad asqueada mitad desinformada.
Confirmado lo que era un secreto a voces, que la campaña del Brexit y sus dos grandes instigadores, Nigel Farage y Boris Johnson, mentían en todo lo que podían sin pudor ni freno, es asombroso cómo el populismo más simplón y estridente puede arraigar de manera tan fuerte en el colectivo británico, que se tiene por más cultivado que el resto.
Ya fuera apelando a los bolsillos, ya fuera apelando al miedo de una presunta invasión de inmigrantes, los británicos han votado para reafirmarse como país orgulloso que siempre han sido, no para escindirse de lo que es a todas luces una apuesta mejor pero que consideran ajena, extraña, invasora.
Es dolorosa la utilización tan manipuladora y a la vez tan efectiva del voto del miedo a estas alturas. Los partidarios del Brexit achacan a polacos, búlgaros, paquistaníes o chinos el robo de decenas de miles de trabajos que podrían ir a parar a manos británicas. Sin embargo, obvian decir que este prisma tan sólo oculta una imponente oleada de racismo subyacente, pues la cosa cambia cuando se trata de trabajadores más british, que es donde entran los alemanes, americanos o nórdicos y que representan cerca del 7 por ciento de la fuerza productiva del país.
Que los dos grandes líderes del Brexit hayan optado por huir de la ecuación a los pocos días de alcanzar la victoria por la que han luchado con tanto denuedo es síntoma inequívoco de que algo malo se avecina en Gran Bretaña. "Ea, ya la hemos liado, apañároslas vosotros". En fin... No sólo se barruntan unos años ominosos en las islas, sino que la deriva geopolítica apunta a que Londres se las verá y deseará fuera de unos ahora 27 que tampoco es que hayan demostrado ser ninguna maravilla, pero al menos lucían estrella.
Compro que la UE ha decepcionado a propios y extraños y que por mucho que se insista desde las instancias comunitarias en vendernos el invento como una federación de pueblos, un crisol idílico de comunidades, la UE no es más que un club de ricos para y por los ricos. La pela es la verdadera identidad común. Pero, llegados a este punto, mejor seguir hacia delante todos juntos que salir a la carrera y soltando la manguera.
La Unión Europea es un barco con rumbo errático que tiene la habilidad de encallar en todo bajío al que se aproxima, sí, pero Reino Unido pierde más de lo que gana y desde luego mucho más de lo que supuestamente estaba en peligro, que no es sino nada. Eso sí, el marketing europeo debe de estar en manos de un mono borracho, porque es difícil hacer menos y desde luego peor a cómo se ha gestionado todo el asunto del Brexit a este lado del Canal de la Mancha. Otro minipunto, Bruselas.
Así y con todo, cambiando fugazmente mi piel por la de un británico corriente y moliente, de esos que rebuznan eufóricos en playas del Levante español tibios a pintas, si alguien me viene con modos de prestigiador, con argumentos de peso que no me molesto ni en cuestionar ni en contrastar, si mi cuñado o mi vecino está en paro por culpa, supuestamente, de un extranjero y hordas de sintecho aguardan en Calais para invadir mi país, digo sí al Brexit. Soy racista, soy populista, soy muy corto de miras, soy británico y digo sí al Brexit, claro que sí.
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Jefe de Internacional de El Imparcial
BORJA M. HERRAIZ es jefe de Internacional en El Imparcial
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