El campo y las perspectivas energéticas de Argentina
domingo 15 de junio de 2008, 20:04h
La renta agraria esta en el centro de la discusión, ya que los productores argentinos rechazan por excesivos los impuestos a la exportación incrementados a niveles superiores al 40 por ciento en productos como la soja. Por estas razones es importante destacar que el campo deberá afrontar, igual que el resto de las actividades, un cuadro energético distinto al que prevaleció en los últimos años. El nuevo panorama estará signado por el tránsito desde una situación caracterizada por energía abundante, exportada y barata a otro donde la energía será escasa, importada y cara. Esta nueva situación aumentara los costos agrícolas.
Argentina está perdiendo su autoabastecimiento petrolero; desde 1998 la producción de petróleo cae y ahora está un 25 por ciento por debajo. Esta caída no se debe a una maldición geológica sino a la merma en la exploración; esto ocurre a pesar que los precios del petróleo son 8 veces superiores a los de la década pasada. La ausencia de reglas estables y que alienten las inversiones es una traba para inversiones que no quieren sumar al riesgo geológico el riesgo de políticas arbitrarias o imprevisibles. La situación se agravará, porque la pérdida del autoabastecimiento petrolero no impactará en importaciones de petróleo sino en mayores importaciones de gasoil y naftas. Esto se debe a que hace mucho que no se invierte en expansión de las refinerías, la última gran inversión ocurrió hace mas de 20 años cuando la entonces YPF amplio la capacidad de producir gasoil. En el ínterin, el campo pasó de producir 30 millones de toneladas a mover cosechas de 100 millones, por eso la mayor demanda de naftas y gasoil será cubierta por importaciones, ya que las refinerías ya no pueden aumentar su producción y no hay inversores dispuestos a encarar esta actividad. Los precios de los combustibles tenderán a adecuarse a los valores de importación, como ocurre hoy en Chile, Paraguay, Uruguay, Brasil y Perú donde cuestan más del doble que en Argentina. En este escenario tenemos que prever alzas en los costos directos de producción agrícola más los aumentos en los costos de transporte, las cuales impactaran mayormente en las zonas alejadas de los puertos, lo cual afectará la rentabilidad de las economías regionales que tanto han venido creciendo en los últimos años.
Argentina es un país con altos costos logísticos, que en el caso de la soja, se estiman en un 27 por ciento del valor FOB. Los costos logísticos, cuyo principal componente es el costo de transporte son el triple del vigente en Estados Unidos y los países industrializados, pero superiores también a los vigentes en Chile, México, Colombia y Brasil. Influyen en estos altos costos la decadencia del ferrocarril de cargas, que hoy apenas transporta el 7 por ciento de las cargas, mientras que el camión transporta más del 90 por ciento. La modernización del ferrocarril de cargas, podría contribuir a preservar la competitividad del agro sobre el cual se ciernen perspectivas de encarecimiento en los costos de transporte. El modelo a imitar es Canadá y los Estados Unidos, países con fuerte agricultura y con similitud geográfica, donde el ferrocarril transporta el 36 por ciento de las cargas, es decir proporcionalmente más de cinco veces del volumen argentino. La modernización de la red ferroviaria argentina, permitiría compensar los efectos negativos que la pérdida del autoabastecimiento petrolero tendrá sobre los costos agrícolas. Esto parece más sensato que la decisión de construir, por Alstom de Francia, un tren bala para pocos pasajeros y dudosa justificación.
También aumentaran los costos de fertilización y agroquímicos. La cuestión aquí será el abastecimiento de gas que es el insumo básico petroquímico. Lo grave es que la producción viene cayendo desde el año 2004 y en esta década ha disminuido casi la mitad de las reservas. La producción argentina de gas recibe una remuneración de apenas 1,50 dólares, a Bolivia se le paga 8 dólares, pero como no está en condiciones de cumplir las entregas contratadas hay que traer el gas más caro que se conoce: el provisto a más de 16 dólares por un barco regasificador. Si no se implementa ya una nueva política que estimule la producción de hidrocarburos, el campo y otros sectores productivos argentinos deberán afrontar en los próximos años mayores costos que afectaran su competitividad internacional.
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Economista
ALIETO GUADAGNI es economista graduado en la Universidad Nacional de Buenos Aires, con estudios de postgrado en la Universidad de Chile y Doctorado en la Universidad de California (Berkeley)
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