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MACGUFFIN

Sánchez cazafantasmas

Laura Crespo
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lauracrespoelimparciales/12/5/12/24
jueves 21 de julio de 2016, 20:20h
Actualizado el: 21/07/2016 21:17h

Qué equivocados estábamos cuando creíamos que ir a unas segundas elecciones era lo más extraordinario que le iba a pasar a nuestra –ahora sabemos que lo es- púber democracia. Hace casi un mes del 26J, y aunque en las últimas horas la sesión constitutiva de las Cámaras hizo pensar que Rajoy tenía la investidura más o menos asegurada para un Gobierno del PP en minoría, resulta que diez parlamentarios juegan al ‘pío, pío, que yo no he sido’ con el voto y se desatan las intrigas. Los ‘votos fantasma’, los hemos llamado. Fue divertido vernos a la prensa disfrazada de Ágatha Christie y calculadora en mano. Pero los nacionalistas vascos y catalanes son como niños y cierran los ojos bien fuerte para que no les veas, mientras el PP jura y perjura que a esos, ni agua. Porque se ha tachado a Ciudadanos de ser un poco ligeros de cascos y meterse en la cama de cualquiera, pero, eso sí, con condiciones; que si en la pasada legislatura los socialistas creyeron erróneamente que un matrimonio con los de Rivera no era incompatible con seguir frecuentando a Podemos, a Rivera tampoco se la cuelan ahora con Convèrgencia. Qué mala suerte tiene este chico, que no encuentra compañero fiel. Y saca el genio, claro. Lo de pedir el relevo de Rajoy al frente del PP ya si eso…

Analizar lo rojas que son las líneas de Rivera es en realidad hablar por hablar. Porque la cuestión es que ni los nacionalistas ni los naranjas son, al final, decisivos por sí mismos. Luego está Pablo Iglesias, que tampoco puede hacer mucho por su cuenta y está muy callado, pero ya ha avisado de que pasa de lo de unir a la izquierda. Y el que ha enmudecido del todo es Pedro Sánchez, el líder del segundo partido más votado, que está cruzando los dedos para ver si los diez nacionalistas enmascarados –y Ciudadanos, por descontado- le hacen el trabajo sucio: facilitar una investidura de Rajoy, aún con el ‘no’ socialista, para poder ejercer de jefe de la oposición con cierta dignidad. Porque, a pesar del hartazgo generalizado por el atasco político, buena parte del electorado del PSOE nunca entendería una abstención.

Recuerdo a Margarita Robles lanzando balones fuera en uno de los debates televisivos de la campaña del 26J. “Nosotros salimos a ganar y no nos planteamos un plan B”, venía a decir cuando se le preguntaba si, llegado el caso de que las urnas no arrojaran resultados muy distintos a los de diciembre, la bancada socialista permitiría gobernar a Rajoy.

El Plan B no es otro que intentar mantener su identidad, entendiendo que apoyar por activa o pasiva un Gobierno del PP sería atentar directamente contra su idiosincrasia. La estrategia es, entonces, arrojar a los brazos de Rajoy a todo el que haga falta para que su abstención no sea la responsable de que volvamos a celebrar la Nochebuena en las urnas. Llegados a este punto, la cuestión es, paradójicamente, luchar para no ser determinante. Aunque ello implique convencer a tu ex de las bondades de su nuevo ligue o confiar en fantasmas con derecho a voto.

Laura Crespo

Redactora jefe de El Imparcial

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