Tres mujeres en la sombra II
lunes 16 de junio de 2008, 22:33h
De Conchita Aleixandre me gustaría evocar, en mi condición de inquilino de la planta superior de su casa de Velintonia, después del Nobel, calle de Vicente Aleixandre, nuestras tardes de conversación familiar, de lecturas del diario ABC, años 1985 y parte de 1986, cuando recién desaparecido el poeta era la eficaz Ascensión, ayer “ama de llaves”, hoy religiosa, quien filtraba llamadas de teléfono y visitas. Conchita era una mujer muy familiar, detallista y organizada, irónica y en ocasiones ingeniosa, que estuvo siempre atenta al día a día en el programa de visitas de su hermano Vicente y que ayudaba como nadie para mantener en aquella casa, el ambiente de calma y respeto tan necesarios dada la frágil salud del poeta.
Por último, tuve también la suerte de conocer y tratar, aunque más brevemente, a Emilia de Madariaga, la inolvidable Mimí, colaboradora, secretaria, incondicional apoyo de Salvador de Madariaga, sobre todo en sus últimos años que, como evocaba yo en una reciente columna, transcurrieron en Suiza. Con ella viajé a Ginebra en mayo de 1980 para asistir a un homenaje que a D. Salvador le organizaba el “Club del Libro Español”, activa Asociación de Funcionarios Internacionales de nacionalidad española. Con ella mantuve una extensa correspondencia tras mi traslado a Estados Unidos y seguí muy pendiente de su activo quehacer en apoyo de la figura y la obra del marido hasta su fallecimiento en 1991.
Eulalia, Conchita, Emilia... y tantas figuras más, muchas ignoradas, otras apenas conocidas, algunas aún por descubrir... que en la historia de la cultura española son ejemplo de generosidad, de entrega anónima y dedicación. Para mí, que las traté, que las admiré, dar hoy de ellas testimonio y noticia me resulta quizá una obligación sincera.