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'TIRO CON ARCO'

Gustavo Bueno frente a Santiago Carrillo

domingo 07 de agosto de 2016, 19:20h
Este domingo ha muerto Gustavo Bueno. No sé por qué, he recordado algo que me impresionó vivamente. Era otro tipo de televisión y todavía anda por Youtube ese programa de ‘Negro sobre blanco’ de 2003, presentado como siempre por Fernando Sánchez Dragó. Enfrentaba a Gustavo Bueno y a Santiago Carrillo a cuenta del libro ‘El mito de la izquierda’ que recién había publicado el filósofo. El boxeo que emprendieron a lo largo de una hora fue, para mí, revelador. Y no tanto por el tema tratado, sino porque me pareció un enfrentamiento arquetípico entre el hombre de pensamiento y el hombre de acción, y la imposibilidad de que se entiendan nunca. Hablaron, entre otras cosas, de los sucesos de octubre del 34 y de julio del 36. Dice el filósofo que no los vivió, pero los ha estudiado. Carrillo responde: “La historia no es lo mismo vivirla que estudiarla”. Bueno se manifiesta entonces “a favor del que la estudia”, y aquí es donde ambas cabezas nunca se cruzarán.

Toda forma de ser busca su estética: el estilo pausado, autoritario y grave de Carrillo, apoyado en su físico rotundo y en graníticas e inamovibles ideas, se enfrenta a la ululante y nerviosa comunicación de Bueno, que hablaba deprisa y moviendo mucho los brazos.

Discuten más adelante sobre ese concepto tan traído y llevado entonces de ‘memoria histórica’. Santiago Carrillo, cuyo grado de responsabilidad en las matanzas de Paracuellos siempre pesó sobre sus espaldas, atenuado por su papel en la Transición, no se arredra. De hecho es el que plantea el tema. “Tú, filósofo, desde tu altura”, le dice Carrillo a Bueno, como si formulara con ello una acusación, “quizá no te das cuenta del efecto político que tiene, en este momento, destruir en el terreno filosófico ese concepto (el de la ‘memoria histórica’)”. El filósofo defendía que con la ‘memoria histórica’ no se estaba buscando la verdad sino “concepto oscuros para engañar a la gente” y perjudicar políticamente al adversario.

En el páramo que ha quedado tras las últimas elecciones, todavía sigue siendo así, me parece: un debate público lo es en la medida en que perjudica al adversario político. La claridad de pensamiento nunca le ha interesado a nadie cuyo interés, como el de Carrillo, o como el de cualquiera que esté ahora liderando los partidos políticos, es el de mandar sobre los demás.

“Tú, filósofo, desde tu altura”, le decía Carrillo a Bueno. Como si la altura, la lucidez, la lucha por la verdad, fueran algo de lo que hay que avergonzarse.

Ahora la tierra o el fuego, o el aire, después. El descanso.
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