“Toda la actividad humana está motivada por el deseo o el impulso”. Bertrand Russell
Hace un tiempo, les proponía un artículo titulado “¿Educamos a los hijos para el éxito… o para el fracaso?” donde planteaba que era posible que muchos niños aprendieran más de las dificultades y de los tropiezos que del confort y del éxito. En el fondo, no era tanto una cuestión de ideología como de resultados, ya que si consentir, estimular y sustituir ayudara a nuestros hijos a crecer y madurar, poco tendría que decir al respecto, pero si lo contrario es lo que ocurre, mucho habría que cambiar.
A la hora de motivar a niños y mayores, la corriente actual apuesta por el refuerzo positivo, la empatía, la imagen y la asertividad. Sin embargo, antes se educaba en un tono más serio y la precisión, el trabajo duro, la humildad y el castigo eran herramientas esenciales. Las corrientes educativas o motivacionales van y vienen y unas funcionan mejor que otras dependiendo de cada momento y, sobre todo, de cada persona, pero ¿qué creen que es mejor, el palo o la zanahoria?, ¿la cantidad o la calidad?, ¿la humildad o la arrogancia?, ¿el esfuerzo o el oportunismo? Seguro que cada uno tiene su opinión personal y también es muy probableque muchas veces la teoría no coincida (en absoluto) con su puesta en práctica, como si tuviéramos una especie de ‘disonancia cognitiva’, donde lo que pensamos y lo que hacemos difiere enormemente.
Yo estoy en las mismas, no lo tengo nada claro. Por muchas vueltas que le doy, no soy capaz de encontrar una respuesta determinante aunque sí creo que existe una palabra clave que nos podría ayudar a decidirnos: NECESIDAD. El financiero y filósofo libanés, Nicholas Nassim Taleb, argumenta que “no hay mayor motivación que la necesidad”. No podría estar más de acuerdo, pero, ¿a qué se refiere, exactamente? Es probable que lo primero que nos venga a la mente sean necesidades básicas como el alimento, el trabajo, tener una casa, etc. o incluso el anhelo por tener pareja, una familia o amistades. En este caso, si alguien no tuviera para dar de comer a su familia, estaría muy motivado si de repente encontrara un trabajo donde le pagan mil Euros; o quien llevara mucho tiempo sin tener relaciones íntimas estaría muy emocionado (necesitado) si las consiguiera y/o las mantuviera en el tiempo (motivado). Lo mismo aplica para ahorrar y llegar a tener un móvil de marca, para disfrutar de un tiempo sabático, llegar a tener menos responsabilidades, conseguir el embarazo que no termina de venir o saborear el reconocimiento de algunos amigos, en particular, o del público, en general. La necesidad no se tiene, se desea y se lucha por conseguirla.
En la archiconocida “Teoría sobre la Motivación Humana” y su famosa pirámide, Abraham Maslow formula una jerarquía de necesidades humanas y defiende que conforme se satisfacen las necesidades más básicas (parte inferior de la pirámide), los seres humanos desarrollan necesidades y deseos más elevados (parte superior de la pirámide). Los 5 niveles de la pirámide son: las necesidades básicas (fisiológicas como respirar, beber, dormir, comer, evitar el dolor, etc.), las de seguridad y protección (seguridad física, salud, recursos, vivienda, etc.), las sociales (amistad, pareja, familia, aceptación social, etc.), las de estima (reconocimiento, estatus, confianza, independencia o libertad, por ejemplo) y por último, la autorrealización y lo que cada persona entienda por ‘crecimiento personal’, ‘búsqueda interior’, etc. Maslow agrupaba los 4 primeros niveles en las “necesidades de déficit”, es decir, sin tener el estómago lleno, difícilmente se puede pensar en el estatus, en la autorrealización o en el último modelo de Apple (también determinante para conseguir ‘estatus’ en ciertas clases sociales). Añadiría que la pirámide es dinámica hacia arriba, pero también hacia abajo, ya que cualquiera puede volver a ‘desear conseguir’ lo más básico cuando menos lo espera.
Las necesidades (déficit) de cada persona son diferentes y no sería igual intentar motivar a un becario que viene de un estrato social elevado y que ha sido recomendado (eufemismo), que a quien sale de ‘la calle’ y ha pasado un calvario para conseguir la beca. Una persona muy atractiva se motivará si la rechazan o si le dan ‘caña’ mientras que alguien que no tiene éxito sexual alguno estará encantado de recibir un mínimo de atención y halagos. Hay personas que necesitan más tiempo libre y puede que hasta menos dinero y posesiones, o niños que requieren menos cosas y menos tiempo con su móvil (o el de sus padres) y más contacto físico. Palo o zanahoria, más o menos, a cada cual, lo suyo. Está claro que no se tiene la misma motivación en la abundancia que en la escasez, tanto en lo material como en lo inmaterial, ya que no hay una cosa más importante que otra y cada necesidad es relativa a la situación material, física y emocional de cada persona. Eso sí, lo que nada cuesta, nada vale y si echamos mucha leña al fuego… se puede apagar.
Si nos centramos en lo que nos falta (o nos sobra) de verdad, encontraremos otra buena llave para abrir la puerta de la motivación interna, propia y ajena.