TRIBUNA
Fluye la mendicidad
sábado 20 de agosto de 2016, 19:40h
La ciudad, como espacio social por excelencia, está en permanente cambio. Todo fluye. Refleja tanto los defectos como las bondades de la gente que mora por ella y deja entrever, a veces, el rumbo que va a tomar la convivencia en un futuro próximo. Ahora, en agosto, cuando Madrid libera a gran parte de sus habitantes de los quehaceres cotidianos y les deja andar por el mundo, salen a la superficie ciertos fenómenos que pasaban inadvertidos entre el bullicio de la muchedumbre.
Un temprano paseo por Madrid, por los alrededores del Retiro, por ejemplo, o por cualquier otro barrio del centro de la capital, lo que nos muestra es que no es fácil encontrar un banco para sentarnos a tomar el sol matutino. Muchos, pero muchísimos están ocupados por los que pernoctan al aire libre. No sólo los bancos de los jardines y calles públicas, sino cualquier rincón de la ciudad sirve para acoger a los “mendigos”; las puertas de entrada a las entidades bancarias alojan a todo tipo de personajes con con todos sus enseres. Y no es gran novedad, desgraciadamente, la gente que no tiene techo, lo que sí es nuevo es su comportamiento agresivo.
Y para no ir más lejos, paseamos temprano por la calle Hortaleza. El ruido y el griterío nos anuncia que no estamos lejos del chiringuito del padre Ángel. Sí, sí, éste es el nombre que se ajusta perfectamente a la despensa caritativa mantenida por dicho clérigo. Al pasar de cerca y ver el tipo de desdichados que recurren a los bocadillos de la Iglesia de San Antón, no vemos harapos, ni delgadez extrema, sino gente malhumorada por la evaporación demasiado rápida de los efecto de alcohol, la resaca les resulta insoportable y la emprende a gritos con cualquiera que por allí pase. La paciencia de Santo Job es de lo que pueden presumir los vecinos de esta obra pía.
Tampoco hay que sorprenderse, cuando un señor que hace cola contigo en el supermercado, se reconoce y presenta como el sujeto que duerme en la próxima esquina. Conozco y contemplo todos los días el banquete que se monta un hombre, que ocupa el portal de una entidad bancaria que está frente al caserón que utilizó el gran Giner de los Ríos para liberar a los españoles del analfabetismo; una silla la convierte en una mesa y el señor con el torso desnudo nutre su considerable panza con un par de bocatas y que no falte el melón para el postre. Frente a él, en otra entidad bancaria, se aloja su amigo que se nutre más de vinos peleones que de bocatas y sufre de grave sobrepeso… En fin, están cambiando mucho las formas de mendicidad en el Madrid de las señoras Carmena y Cifuentes. ¿Sigue siendo la pobreza extrema que echa a la calle tantas personas? La posibilidad de mantenerse “en forma”, viviendo en el centro de la ciudad sin hacer nada en todo el día… Ya digo, todo fluye en la ciudad, hasta la mendicidad fluye con los podemistas instalados en el poder del ayuntamiento de Madrid.