Pensar Europa I
martes 17 de junio de 2008, 22:36h
Europa está metida en un atolladero. Se podría decir que muere de éxito porque los fines que los padres fundadores se propusieron hace medio siglo se han cumplido con creces. La unión económica y monetaria es un hecho y, si las cosas se hacen medianamente bien, debería salir reforzada de la mala situación económica actual, aunque para eso es necesario que se piensen soluciones a nivel de la Unión, pues los problemas son globales.
Mas Europa carece de grandes proyectos. La unión monetaria simbolizó durante un tiempo la gran ilusión europeísta, como culminación de la unión económica. No es que en este ámbito todo esté conseguido (falta, por ejemplo, la incorporación de Gran Bretaña), pero las cuestiones relacionadas con el mercado único son ahora más bien técnicas y éstas no llegan a los ciudadanos con facilidad, y es casi imposible interesarlos en las mismas salvo cuando provocan en ellos algún perjuicio directo. El euribor es un ejemplo.
El euro, que ha generado una enorme riqueza al conjunto de la Unión, es visto por muchos europeos de a pie como el culpable del alza de los precios y de la preocupante marcha de las economías domésticas. Los burócratas europeos sólo prestaron atención a la macroeconomía y no previeron medidas contra la inflación, que ha sido en todos los países muy superior a lo que dicen las estadísticas, o por lo menos esa sensación tenemos la mayoría de los europeos cuando hacemos nuestra particular cesta de la compra.
No se ha sabido explicar a los ciudadanos la importancia de la moneda única, no sólo por la agilización de determinados trámites bancarios o la posibilidad de circular por muchos países sin necesidad de cambiar de moneda sino por las múltiples ventajas que para la generación de riqueza tiene un mercado verdaderamente unificado. No se ha sabido explicar y ahora nos encontramos con que los irlandeses dicen “no” a un Tratado como el de Lisboa ya de por sí descafeinado respecto al anterior proyecto constitucional. Que los irlandeses digan “no” es un dato muy significativo de cómo el proyecto europeo no cala en los ciudadanos. Pocos países se han beneficiado tanto de las ventajas que ofrece la Unión, pero da la impresión de que los políticos irlandeses no han trasladado a los ciudadanos el papel que la Unión estaba jugando en el satisfactorio crecimiento de su economía, y consecuentemente en la mejora de su sociedad, durante los últimos decenios. En todos los países ha pasado lo mismo. Europa ha sido una palabra mágica para ocultar los problemas que ocasionaba la necesidad de afrontar determinadas reformas que suponían costes económicos y sociales: “eso es una imposición de la Unión” es una frase que se ha oído a lo largo y ancho de Europa en boca de los políticos nacionales, que, en cambio, presentaban como logros propios lo que en muchas ocasiones tenía que ver con las ayudas y los fondos europeos o con las ventajas del mercado único.
Europa atraviesa una seria crisis de identidad, pero sobre todo atraviesa una grave crisis de futuro. No hay grandes proyectos a la vista. La entrada de los países llamados de la Europa del Este se ha realizado deprisa y corriendo e incluso en algún momento se pensó ir más allá, por ejemplo con la incorporación de Turquía, cuando el camino más adecuado, en mi modesto parecer, hubiera sido intensificar la unión política de la Europa de los quince y prever acuerdos económicos y de cooperación en otros ámbitos con los países del Este para un incorporación progresiva, que se tenía que haber iniciado cuando la Europa de los quince hubiera sido una verdadera federación de Estados Unidos de Europa. La incorporación de los países del Este ha diluido el proyecto político europeo y ha intensificado las corrientes que quieren hacer de la Unión un club de economías privilegiadas y nada más.
De esta crisis sólo se saldrá si surgen proyectos apetecibles para los ciudadanos europeos. Frente a lo que pudiera parecer por la encadenación de rechazos a los proyectos políticos europeístas de estos últimos años, es el momento de intensificar el camino hacia una verdadera federación política. Ese grupo de sabios que preside Felipe González debería plantear una serie de proyectos que llegasen a los ciudadanos para que en el 2010 se pudiese celebrar un gran referéndum que sentase las bases de la nueva unión política. Un referéndum que dejase claro que los que se sumasen iban a seguir hacia delante independientemente de quien se quedase atrás. El consenso entre Alemania, Francia, España, Italia, Suecia, Hungría, Grecia, Chequia y Polonia es clave para que el conjunto de los demás países se sumen a los acuerdos que se alcancen. A Gran Bretaña no se le puede pedir que deje de mirar al Atlántico, pero también tendrá que mirar al otro lado del Canal si no quiere quedar relegada del gran proyecto europeo. Europa perdería mucho sin Gran Bretaña, pero Gran Bretaña perdería más sin Europa.
|
Profesor de Historia del Pensamiento Político
JAVIER ZAMORA es licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y doctor en Derecho por la Universidad de León, ha completado su formación con estancias de investigación en el Massachusetts Institute of Technology, el Max-Planck Institut für Geschichte y el Colegio de México.
|
|