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ESCRITO AL RASO

El Zorro vuela en preferente

David Felipe Arranz
lunes 29 de agosto de 2016, 20:30h
Actualizado el: 29/08/2016 21:05h

Ayer don Diego de la Vega, un apuesto aristócrata californiano que vivió en Los Ángeles en el siglo XIX y del que se sospecha que fue el célebre justiciero El Zorro, fue cercado en el aeropuerto estatal por un batallón de policías lanceros al mando del opulento sargento García, un bobalicón a las órdenes del torvo y atractivo capitán Enrique Sánchez Monastario. Una alarma que luego se comprobó que era falsa fue la excusa perfecta para que los funcionarios, una vez más, acorralasen en gran número al héroe creado por Johnston McCulley para la revista All-Story Weekly.

Ahora que entre Hillary –cuyos pasos sigue de cerca Judicial Watch– y Trump están devorando la democracia en los Estados Unidos, de pronto aparece el mito hecho carne, que nos gusta que sea con las facciones del malogrado Guy Williams, montando a Tornado espada en ristre, deslizando elegantemente ironías con cada finta, con cada pantalón marcado con la Z, por aliviar de la opresión a su pueblo. Y es que Estados Unidos es una indigestión de medidas de seguridad y al Zorro, aunque no tenga nada que ver con unos disparos que parece que habían sonado por allí, que iba a volar con la máscara y el disfraz puestos para no ser reconocido, el vivaz Monastario y sus mediocres esbirros le han echado el alto. Es lo que siempre ocurre con los burócratas a los que no podían soportar don Diego y su padre, don Alejandro de la Vega. Porque el Zorro tiene un sentido casi estético del trabajo, así que era imposible que hubiese podido cometer la torpeza de armar esa algarabía, ese estruendo de balas que ha hecho que las autoridades paralizasen el domingo por la noche el aeródromo, el séptimo con más tráfico del mundo y el tercero estadounidense en envergadura.

Resulta obvio que su archienemigo El Águila, creyente en la vida áurea y acumulativa, está detrás de esta maniobra, el ambicioso administrador del sur de California y alérgico al caos de la libertad, del amor, de la vida, del mar… Un cobarde del círculo plutócrata de Donald Trump que se ha quedado con la hacienda de los De la Vega y que pretende vender California a alguna potencia extranjera. Trump lo ha dicho bien claro en su último mitin, en Des Moines (Iowa): que deportará a los inmigrantes “ilegales criminales” con antecedentes penales… y por ahí estamos de vigilantes, racistas y asesinos con la Administración Obama, aunque Trump aún no sea presidente de los Estados Unidos: los once millones de indocumentados que viven en el país saben que la vida los devora y que el país del sueño americano es una selva virgen, tentacular, lleno de peligros tan feroces como el del candidato multimillonario cuya campaña para alcanzar la Casa Blanca se ha centrado en la mano dura en materia migratoria y en el proyecto de construcción de un muro con México. Si bien es cierto que don Diego tiene la doble nacionalidad por su condición de angelino y mexicano, sus antecedentes penales por las refriegas con el implacable Monastario le han creado una biografía exteriorizada, ahora que se va a jubilar por higiene mental. Porque en Monterrey y en todo el territorio de California están su alma, su leyenda y su tiempo detenido, como lo atestiguan las fotografías de las agencias y de los usuarios de las redes sociales, en las que se le ve completamente rodeado por la bofia, sentado en un banco de la terminal, como un pasajero más.

Un funcionario de seguridad o un político republicano, ni siquiera demócrata, no puede comprender que don Diego lleva dentro esa manigua libertaria que le lleva a saltar a lomos de Tornado desde la escalera del avión o a dejar su sigo grabado de un latigazo en el trasero del capitán de policía: es el héroe que se alumbra a sí mismo, entre correcto y descarado, hijo de papá, eterno estudiante de la poesía de la generación beat y devoto de la música de los Rollings. Y eso es algo que los pies planos con uniforme llevan muy mal porque don Diego se les convierte en esa indigestión continua y ese echar las tripas en sentido metafórico y literal porque no son tan diestros como él en la esgrima. Él es el solitario y el romántico, el que ha defendido con su humorismo natural por toda la tierra californiana que las raíces y la libertad lo explican todo.

Ahora el Zorro, ya libre de cargos, camina hasta la parte alta de Los Ángeles mientras la luz del anochecer recorta su inconfundible silueta, entre los rascacielos acristalados de los bancos y las grandes corporaciones, sobre el scalextric de la gran ciudad, donde los ejecutivos se esnifan cada empresa convertida en coca mientras despiden a cientos de trabajadores, las putas más caras se lo montan con los consejeros delegados en los lujosos atelier decorados con palmeras y los políticos de medio pelo cierran negocios con el narcotráfico. Don Diego, hombre antiburócrata y siempre inédito, sabe que hay caminos que se tuercen en la condición humana y que ya no se enderezan y que la deportación masiva de hispanos está a la vuelta de la esquina en un país cada vez más xenófobo, cuyos cuerpos de seguridad mantienen una guerra abierta y declarada con el colectivo afroamericano.

La imposibilidad se hizo posible y la coartada del cine y la literatura se coló una vez más de rondón por la prosaica puerta de atrás del aeropuerto. El Zorro vive una segunda vida verdadera, del papel y el celuloide a los informativos, precisamente cuando el sucedáneo de amor y la justicia que nos ha tocado vivir se ha refugiado en las pequeñas máquinas que llevamos continuamente cosidas a las manos y donde todo es mentira. Gracias a una falsa alarma, ayer hemos experimentado un gran alivio al saber que el justiciero enmascarado de La maldición de Capistrano continúa en activo, dispuesto a que el crimen jamás descanse sirviéndose del misterio de su fascinación, del refugio de su seducción, de su agilidad con la espada. Don Diego aún tiene hechuras suficientes de héroe para subirse a la azotea de un edificio y saltar al vacío para ayudar a una muchacha postmoderna en apuros o a un sin papeles que necesite que lo saquen de la cárcel donde lo recluyen, con toda probabilidad, injustamente. Por eso vuela en preferente. A pesar de los Donald Trump de este mundo.

Twitter: @dfarranz

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