La Comisión Europea ha difundido hace una semana para vergüenza mundial los datos sobre nuestro fraude en el IVA: 6.214 millones de euros que no han ido a parar a las arcas de Hacienda, o sea, de Bruselas, provenientes de este “célebre” impuesto sin derecho a reembolso que el PSOE creó en 1986 y que en 1992 se reguló a nivel europeo. Algunos recordamos el escándalo del IVA vinculado al felipismo porque nunca nadie había pagado más de añadidura porque sí: el ciudadano de a pie pagando al fisco por mecánica impositiva, es decir. España defrauda, dice la Comisión, si bien Montoro ha respondido que esa cifra es, en realidad, la mitad, porque la metodología utilizada por los comisarios no ha tenido en cuenta tipos reducidos ni regímenes especiales: es decir, que son en realidad 3.632 millones los que se adeudan, señora.
El presidente Jean-Claude Juncker, el de los secretos acuerdos con las 340 multinacionales cuando era primer ministro luxemburgués para que evadiesen impuestos, dice que los españoles somos unos evasores, unos defraudadores y unos delincuentes. Juncker el “Flexible”, Juncker el “Gran Duque”, Juncker el de LuxLeaks asegura que somos un país de contribuyentes tramposos. A este fenómeno lo llaman el VAT gap los ricos con solera de Bruselas, los ricos institucionales que colocan los partidos, los ricos de la Troika, los ricos con cargo, los ricos con poder, los ricos horteras del paraíso fiscal, los ricos que quitan y ponen reyes… Vivir de un cargo de la UE: esa es la aspiración máxima del político quemado, investigado o vigilado en su país, del carguete internacional, que suena muy bien y uno parece que ya no es tan paleto ni tan nacional. Y el ordenanza le trae por la mañana al señor diputado un café belga con aroma achocolatado.
La Agencia Tributaria ha llamado “impreciso y volátil” al método de contabilidad de Juncker por no consultar nuestra información tributaria y éste le ha dicho a Montoro que ellos se han basado en las encuestas de la Contabilidad Nacional –¡en las encuestas!–. El problema es que todo es volátil, desde la conciencia de la directora gerente del FMI Christine Lagarde, muy echada para adelante, e imputada por el caso Tapie hasta el lobista Durâo Barroso, también investigado por su reciente contrato en Goldman Sachs y que seguirá cobrando –aparte– 16.900 euros al mes de los fondos públicos de la UE. Y sus señoras con el corsé ceñido se tuestan torrefactamente en el yate de un griego de la lista de Forbes,anclado en una isla del Mediterráneo o frente al litoral caliente de la crisis del ladrillo.
A pesar del amordazamiento generalizado y el mutismo masivo, hay que tener memoria para estas cosas y decirlas, proclamar su excrecencia parasitaria y romper el olvido institucional, recoger datos e informes y un dossier de fotos con sus celestes oíslos acariciándoles la barriga alimentada con el Mercado Común y la OTAN. Otros se hacían crucero en Jamaica, como Tony Blair, porque era de la generación televisual y le gustaba más “Vacaciones el mar”, que protagonizaba un capitán cachondo y unas señoritas en bikini que no se sabía lo que hacían en cubierta (o sí). Y entonces los chicos de la Troika hacen gala de su libertad de movimientos, de su impunidad, y nos dicen a los españoles que nos lo llevamos crudo cuando compramos el pan, cuando nos vamos a cenar con unos amigos o cuando cobramos un artículo –cuando lo cobramos–, porque es el lenguaje obsceno de los tecnócratas: te dicen que eres corresponsable de un diferencial VAT gap y se están cagando en tu familia y en tu honra. Y nosotros ya no dejamos que el mundo respete nuestras esencias porque nos da como un poco igual, como el futuro variable, la brecha fiscal y coyuntural y las bases imponibles del gasto. Sin desagravio posible para el español de a pie, que vive en su hogar su particular Waterloo mientras las empresas a las que benefició Juncker con el impuesto del 1% estrujan a sus empleados con contratos tan “flexibles” como la desregulada conciencia del presidente de la Comisión, el que echó las manos al cuello de Luis de Guindos en marzo de 2012 en sincero y simbólico arrebato… y no terminó de apretar.
De esta forma cuadran los datos en las zahúrdas de Bruselas. Como los pájaros de cuenta. Lo que está claro es que la economía funciona sola a pesar de sus dirigentes, por la inercia voraz del neoliberalismo y la codicia recaudadora que ha destruido la clase media. Marcha con el piloto automático nadie sabe hacia dónde. Volátil. Como el Gobierno. Como el rodillo sobre los desesperados.
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