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EPPUR SI MUOVE

Arabia Saudí, Obama y el 11-S

martes 20 de septiembre de 2016, 20:47h
Actualizado el: 20/09/2016 21:01h

El Congreso de Estados Unidos ha aprobado una ley que permitirá a las victimas del 11-S llevar a la justicia a Arabia Saudí por supuestos vínculos terroristas. Se trata de un asunto tremendamente complejo que puede causar numerosos daños colaterales, tanto fuera como dentro del país. El presidente Obama, en una decisión no exenta de polémica, ya ha anunciado que piensa vetar la ley, aunque está por ver que lo acabe haciendo. Generaría un gran malestar en los familiares de las víctimas, al tiempo que aumentaría la sensación de hipocresía/impunidad del papel de Arabia Saudí en la financiación del terrorismo islámico. Pero por más que cueste aceptarlo, quizá sea conveniente dejarlo correr.

Para empezar, si prosperasen las primeras demandas, los tribunales empezarían a investigar. Y lo que descubrirían daría carácter oficial a lo que ya muchos saben: los petrodólares han pagado muchas de las facturas de Al Qaeda y DAESH. Las monarquías de Arabia Saudí y Qatar -no olvidemos a Qatar- jamás apoyarán públicamente organización terrorista alguna. Cosa distinta es lo que hagan sus “familias reales”. Dichas familias, con miles de príncipes y princesas tan ricos como fundamentalistas, manejan un oscuro entramado financiero que permite liberar grandes sumas sin dejar rastro alguno.

El barril de petróleo está bajo; en parte, gracias a Arabia Saudí. Esto perjudica notablemente a dos productores como Venezuela y Rusia, al tiempo que beneficia a Estados Unidos. Sin embargo, a Obama no se le ha ocurrido mejor idea que limar asperezas con Irán, por lo demás enemigo irreconciliable del régimen saudí -chiíes unos, suníes otros-. Y si en Riad ya estaban muy molestos con este tema, el que les toquen ahora a destacados miembros de su familia real puede tener sus consecuencias, y no precisamente buenas.

Al poco de producirse los ataques contra las Torres Gemelas, en el Pentágono conocían de sobra la raíz del problema: casi todos los terroristas tenían nacionalidad saudí. Había que reaccionar, y había que hacerlo pronto. ¿Solución? Atacar Irak. Sin embargo, este chivo expiatorio no dio el resultado apetecible, y las brasas de aquel fiasco aún están hoy calientes. ¿Qué arreglaría, pues, sacar a la luz que hubo conexiones saudíes con los atentados del 11-S? Nada de nada. Por contra, subiría el barril de petróleo y Riad pasaría de masacrar yemeníes a llenar los bolsillos de más de un desaprensivo dispuesto a traer la Yihad a Occidente. ¿Hipocresía? ¿Cobardía? Quizá. Pero a veces conviene mirar hacia otro lado; máxime si lo que uno puede ver de frente es demasiado insoportable.

Antonio Hualde

Abogado

ANTONIO HUALDE es abogado e investigador de la Fundación Ortega y Gasset

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