TRIBUNA
Sobre el neoliberalismo
lunes 17 de octubre de 2016, 19:49h
Entre los talentos de Podemos está generar cantinelas que, por falta de respuesta clarificadora, se asientan con mucha fuerza entre nuestros maltrechos consensos. Así claman, como si estuviéramos en el Tercer Mundo, contra la pobreza de gran parte de la población española. De lo que realmente hablan es de pobreza relativa, que por haberla la hay hasta en Luxemburgo. Otra cosa es la pobreza extrema, asunto realmente grave y que en España es prácticamente inexistente.
También han asentado el peyorativo concepto de “puertas giratorias” refiriéndose a los políticos que, tras retirarse de la vida pública, se van al sector privado y que en muchos casos hacen grandes contribuciones que redundan en más prosperidad para todos. Pero pocos se atreven con un demagogo como Pablo Iglesias, que nunca ha aportado nada (más bien lo contrario) a nuestra prosperidad. Que yo recuerde, sólo le ha llevado la contraria un “giratorio” como Felipe González y además con poco éxito.
Hoy levanto mi voz contra la infundada afirmación de que todos los males proceden del neoliberalismo. Esta cantinela es habitual para describir los problemas de la globalización, de la corrupción política o de la cultura y se ha convertido en la bestia negra de los podemitas.
Los “profesores” de Podemos mienten o, al menos, pecan de una perspectiva muy habitual entre los fanáticos que persigue reducir el mundo al máximo. Estos problemas de enfoque, estos puntos negros, pueden agudizarse hasta el delirio.
Para desmontar esta falacia hay que recordar las bases ideológicas del liberalismo. Suelo utilizar una descripción basada en los tipos de libertades que propugna el liberalismo según desarrolló José Merquior. La primera libertad que denomina negativa es la que se refiere al derecho a no ser sujeto a interferencias arbitrarias. La segunda es la libertad positiva o el derecho a participar en los asuntos públicos. La tercera libertad o libertad interna se refiere a la de pensamiento y conciencia. Y por último, la denominada libertad personal, que propugna el derecho al desarrollo de cada uno. Es la libertad referida a la igualdad de oportunidades.
El orden de estas libertades es también cronológico. Las cuatro libertades se fueron formulando y obteniendo en distintos momentos de la historia. De esta forma podemos afirmar que una vez obtenido un nivel de prosperidad suficiente -como el que disfrutamos en España y en los países europeos pese a las mentiras de Podemos- debemos primar la última de las libertades, la que se refiere a la igualdad de oportunidades. Esta libertad es clave para potenciar todo el talento que tiene un país, para generar sociedades modernas, capaces y, porque no, felices. La clave es que en caso de conflicto deberá primar la libertad personal o la que se refiere a la igualdad de oportunidades frente a la libertad de mercado (que tiene su base en la primera de las libertades, la más antigua). Pero tiene que establecerse un verdadero conflicto entre una y otra libertad. Tenemos que hacer un análisis en profundidad para asegurarnos de que la limitación de una libertad potencia a la otra y no hacer una dejación cómoda y edulcorada de buen socialdemócrata, que no deja de ser una escapatoria muy de moda en estos tiempos.
Para concluir, el neoliberalismo es una corriente más del liberalismo. Tuvo su momento de apogeo hace más de treinta años. Es una buena corriente para potenciar un desarrollo económico rápido, aunque suele provocar muchos desequilibrios y excesos. Como decía Isaiah Berlin, la libertad para los lobos implica la muerte de las ovejas; la libertad sin restricciones de los que tienen más capacidad o poder no es compatible con una vida digna para los débiles y los que tienen menos talento.
Pero el buen liberal debe asegurarse de que peligren las ovejas y no lanzarse a salvarlas cuando no lo necesitan. Una de las paradojas de nuestras sociedades y que genera mucho desconcierto y frustración es que el buen samaritano moderno, el socialdemócrata de convicción o, lo que es peor, el que se refugia en esa ideología por falta de carácter, porque se lo piden las encuestas o simplemente porque no se le ocurre otra cosa, suele producir mucho más daño que beneficio. Suele ser contraproducente a la hora de potenciar la última de las libertades en las que se basa el liberalismo, que no es otra que la libertad de desarrollo personal.
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Abogado, empresario
Abogado, empresario. Estudio en la Complutense y London School of Economics . Ejerció la abogacía en Londres y a su vuelta, 13 años en la cosa pública: 12 como concejal en Madrid y 1 como Viceconsejero de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio. Su último comentario: “Ah y no vuelvo ni a tiros a la política”.
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