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EPPUR SI MUOVE

Halloween, Holywins y las cenizas del perro

lunes 31 de octubre de 2016, 20:21h

Según Stefan Zweig, “no basta con pensar en la muerte; se debe tenerla siempre delante. Entonces la vida se hace más solemne, más importante, más fecunda y alegre”. Es verdad. Para un no creyente, sólo se vive una vez, así que lo suyo es hacerlo de forma “solemne, importante, fecunda y alegre”. Para un cristiano casi lo mismo, con la salvedad de que tras ésta hay otra vida infinitamente mejor, aunque nos la tenemos que trabajar a conciencia. Estos días, con la festividad de Difuntos -que no Halloween- y el documento del Vaticano sobre la conservación de las cenizas, el tema de la vida y la muerte se hace especialmente recurrente.

Halloween. Internet está plagado de referencias sobre sus orígenes celtas, el tema del “truco o trato” y demás. Grandes superficies y tiendas de chinos hacen su agosto vendiendo disfraces a cual más hortera, y rara es la discoteca o lugar de ocio que no tenga una actividad ad hoc. Es un negocio de lo más rentable. A ver, que nada hay de malo en que los niños vayan un día al colegio vestidos de monstruitos -algunos lo hacen todo el año, aunque esa es otra cuestión- y que coman chuches con forma de calabaza. Nadie, y menos la Iglesia, se mete con lo que no es sino un simple divertimento. Ocurre que hay a quien esto se le empieza a ir de las manos. Sin ir más lejos, la moda de los “payasos diabólicos” que, como no podía ser de otra manera, ya ha llegado a España.

Así, entre tanto culto a lo siniestro y lo terrorífico, algunos católicos decidieron poner en marcha una iniciativa que recordase el significado trascendente de la muerte y, sobre todo, potenciara la importancia de ser buenos en esta vida; santos, de hecho. Surgía Holywins, “la santidad vence”, con la idea de visualizar modelos de conducta como San Martín de Tours, Santa Teresita de Lisieux o San Vicente de Paul. Usted qué prefiere, ¿Disfrazar a su hija de Madre Teresa de Calcuta o de la niña del exorcista? ¿Que juegue a hacer el bien en los demás o a hechizarles y convertirles en sapo? Cuestión de gustos.

También lo es la forma en la que nos despedimos de nuestros seres queridos. Vi hace poco un anuncio de “tanatorio para mascotas”. Si se muere su perro, le hacen una ceremonia conmemorativa y, una vez incinerado, le ofrecen una amplia gama de productos: figuritas caninas hechas con las cenizas del perro, llaveritos, colgantes, etc. Vale una pasta, dicho sea de paso. Y otro tanto sucede con los humanos. Hay desde el hincha del Betis cuya familia llevaba la urna con sus restos a los partidos del Villamarín a los cutres que las guardan en el garaje dentro de una bolsa de Carrefour sin saber muy bien qué hacer con ellas -cuesta creerlo, pero es un caso real-.

Hasta ahora, la Iglesia no se había pronunciado al respecto. Sin embargo, dada la proliferación de según qué prácticas, acaba de publicar un documento breve y conciso -apenas diez puntos- para aclarar conceptos. Resumiendo: los restos de un católico, se entierren o incineren, tienen que estar en lugar sagrado, para preservar la dignidad del cuerpo. Lo de repartir las cenizas entre Chinchón, Teruel y Calahorra no parece lo más apropiado, así como tampoco usarlas para hacer una mesita para la Thermomix. Es muy respetable lo que cada cual disponga para sus deudos; solo que, si uno es creyente, la forma de proceder requiere otra delicadeza. Sencillamente, la Iglesia vela por que los modelos de comportamiento que se propongan sean acordes con los valores cristianos, y que el recuerdo de los que han pasado de la vida terrena a la Eterna sea lo más digno posible, a poder ser sin horteradas de Lladró.

Antonio Hualde

Abogado

ANTONIO HUALDE es abogado e investigador de la Fundación Ortega y Gasset

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