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DESDE ULTRAMAR

Ejercer el periodismo: riesgo latente

jueves 03 de noviembre de 2016, 20:03h

Yo no me considero periodista. Solo tengo la ingente oportunidad de aportar mi humilde opinión en una columna en El Imparcial, diario liberal e independiente. Respeto el oficio y si me apura, la profesión, y por ello, no me considero periodista. Que lo sea quien lo sea y posea muchos mayores dotes que yo no cuento. Desde luego que sí. Otra cosa es que he denunciado los abusos a periodistas mucho más que los propios periodistas, muchos de los cuales por salir bien peinados en la tele, se callan los atropellos a sus colegas. Su silencio insolidario sí que se los recrimino y se los he recriminado, cosa que les fastidia.

Porque no soy periodista soy plenamente consciente de que contar con el enorme privilegio, la inconmensurable oportunidad de poderme dirigir a ustedes en este espacio de El Imparcial que se lee en ambos hemisferios con su venia, es que me preocupa el informe de la Unesco referente al ejercicio de este importante oficio.

Inicio con estas palabras porque por fortuna, mi formación de abogado y mis lides en asignaturas de humanidades me dotan ya no digo a usted de mi sencillez y encanto naturales, sino de una vena combativa que me permite diferenciar la chapuza argumentativa y la cretina manera de conducirse de algunos periodistas que en efecto, callan y callarán el más reciente informe sobre el ejercicio periodístico en América Latina y el mundo, alarmante en sus resultados y apremiante en la exigencia a los gobiernos de todo el orbe sobre la protección al gremio, muy depauperizado y expuesto.

Pues bien, se han publicado por la Unesco cifras preocupantes sobre el ejercicio periodístico en el mundo: de entrada América Latina es la segunda región más peligrosa del mundo para ejercer el periodismo con 51 reporteros asesinados en el último bienio, apuntando entre sus enemigos a narcotraficantes como el cartel de los Zetas, de México. la Comisión Interamericana de Derechos Humanos tiene registrados al menos 162 casos de periodistas agredidos en años recientes. México encabeza esa lista. En la de la Unesco, es el cuarto país.

En el marco de la Jornada internacional del fin de la impunidad en los crímenes contra los periodistas (designada para el 2 de noviembre), se sabe una frase lapidaria como demoledora expresada desde el organismo internacional: "los medios y la libertad de expresión están en estado de sitio". Gravísimo porque no es privativo de la América Latina. En todo el mundo el periodismo es acosado y acusado. 95% de los periodistas mueren en su propio país, lo cual es alarmante y Francia por ejemplo aparece en la lista de los cinco países más peligrosos para ejercer el periodismo. Es que no es privativo de países pobres o que no sean desarrollados. No, señor. La cosa es más complicada de lo que parece. Y añada que el 92% de los casos quedan impunes, con lo cual no es que los estados sean causantes de tal, pero sí que define la dificultad para dar seguimiento al suceso o es que de plano, enfrentamos una carencia de voluntad política para sancionar los hechos denunciados por la Unesco.

Pero es que al poder le fastidia el periodismo crítico per se, como para actuar evitando que sea agredido o sancionando la agresión; tanto como le fastidia la incursión ciudadana en las redes sociales. Campañas que parecen orquestadas denostan la participación en redes sociales, donde si bien puede haber gente que inopinadamente expresa ideas insulsas, el grueso las ocupa para ejercer el más elemental e inocultable derecho a la libertad de expresión. Así sea multitudinaria y espontánea.

Apuntalan tales multitudes así, el quehacer del periodismo crítico que reclama de nosotros, quienes en él incursionamos, de todos, una responsabilidad absoluta, pero también exige no ceder a chantajes ni presiones. La opinión certera ha de calar y debe procurar que provoque nuestro intelecto y nuestras consideraciones. No podemos ceder.

Ha costado mucho la libertad de expresión como para que se nos amedrente, como para esperar que nos acojone expresarnos o que nos amaguen, como para dejarnos mancillar. Es inadmisible.

En este contexto tan negativo, la ya vigente Ley del derecho de réplica en México, que es discrecional en favor de los medios de comunicación para decidir cómo extender tal derecho al público, ahora afronta el riesgo de ser más endeble, ante una petición de los partidos políticos mexicanos (muy desacreditados por su opacidad muy denunciada) para que se elimine de la ley la frase de su articulado tercero sobre los necesarios requisitos para determinar cuándo hubo información inexacta o falsa como para emprender una acción de derecho de réplica. Esto en vez de fortalecer el derecho de réplica, debilita el de expresión de los medios. ¿Por?

Porque en efecto, eliminar la necesidad de configurar los elementos propiciadores de una réplica, implicaría que cualquier medio podría ser imputado sin más, aunque la información publicada sea verdadera. Y sin previo trámite de valoración. Ello inhibiría el ejercicio de la profesión en México. Como si hiciera falta más precariedad en su ejercicio.

De forma tal que, como vemos en términos globales y de manera específica para el caso mexicano, ejercer el periodismo está complicado como lo está en la región latinoamericana. Apelar pues, al sentido común y de responsabilidad de todos, es que suena sensato y lo he escrito líneas arriba, pero insuficiente. Complicado lo es, desde luego. No corren tiempos propicios y no prometen mejorar.

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