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TRIBUNA

El partido republicano ante el espejo

Alfonso Cuenca Miranda
viernes 04 de noviembre de 2016, 20:06h

A pocas horas para que los estadounidenses realicen una vez más el asombroso milagro que viene produciéndose cada cuatro años desde hace dos siglos, todo parece apuntar que al primer presidente afroamericano de la República le sucederá la primera mujer al frente de la “hiperpotencia” mundial. Con todo, parece que el resultado pudiera ser más ajustado de lo que en principio cabría suponer, tras una recta final no exenta de sorpresas (con las tradicionales “october surprises”, la última por mor de las recientes revelaciones del FBI) y, en general, una campaña no llamada precisamente a figurar en los anales más descollantes de la Historia.

No cabe duda de que la figura de Trump se ha erigido, para bien y, especialmente, para mal en la protagonista de la inminente cita con las urnas. Al margen de otras implicaciones, lo cierto es que, más allá del desenlace de los comicios presidenciales, desde hace un tiempo diversos analistas han levantado su mirada para tratar de otear el incierto horizonte que se abre para los republicanos tras el día 8. Así, se ha llegado a hablar de una próxima guerra civil en el partido del elefante e incluso de su desaparición, sin descartarse el surgimiento de un tercer partido que englobaría, ora a los descontentos republicanos con el trumpismo, ora a los propios partidarios del magnate en caso de que los republicanos vuelvan a sus tradicionales sendas.

El presente panorama hubiera pasado por inimaginable hace apenas un año. Bien pudiera pensarse que el partido de Lincoln se habría hecho con la Casa Blanca de haber presentado a cualquier otro candidato, teniendo en cuenta el clásico sistema de rotaciones impuesto por el electorado tras ocho años de dominio demócrata en la Avenida de Pennsylvania, y el hecho de que la señora Clinton suscita un fuerte rechazo en un amplio sector de la población.

La irrupción de Trump, pase lo que pase en las elecciones, e incluso si inesperadamente se alzase con el triunfo, ha de tener necesariamente importantes repercusiones en el futuro de los republicanos: desde la revisión del sistema de primarias, hasta la resolución, aplazada en los últimos años, del intenso debate entre las diferentes corrientes que conviven en el partido. En relación con esto último, uno de los retos ineludibles en la futura catarsis será la atracción e integración del espectro más concienciado y reflexivo del electorado trumpista, y, sobre todo, de las inquietudes de un sector, la clase media obrera, desconcertada ante la pérdida de una estabilidad que había dado por descontada. En todo caso, de la capacidad para volver a conectar con la “parte seria” de su tradicional discurso y de integrar diferentes sensibilidades depende su futuro, lo que va unido al imprescindible hallazgo de un auténtico líder, que sepa hacer frente a la ardua labor a realizar (liderazgo que ya hallara en Reagan o, en el campo rival, el desempeñado por Bill Clinton).

De la propia capacidad para despertarse pronto y sin secuelas de la “pesadilla Trump” depende el futuro de los republicanos. Con todo, pese a lo que pudiera parecer, no todo son malas noticias para el Grand Old Party. Así, cabe recordar que todo apunta a que el próximo miércoles la Cámara de Representantes seguirá siendo dominada por congresistas republicanos, pues en esa extraña y saludable sabiduría norteamericana los diversos votos que el elector está llamado a depositar no serán monolíticos, dividiéndose en función de aquello y, sobre todo, aquellos sobre quienes se vota. Incluso es posible que el Senado (el cual, como es sabido, a diferencia de su Cámara hermana, sólo renueva un tercio de sus componentes) siga siendo mayoritariamente republicano, manteniendo en todo caso una importante minoría de bloqueo. A ello debe añadirse el dato de que en la actualidad 31 de los 50 Gobernadores de los Estados son republicanos, siendo 31 también los Estados en los que ambas Cámaras son dominadas por los mismos, y, lo que es más llamativo, en 23 Estados ambos factores coinciden (frente a 7 Estados en los que los tres polos de poder son demócratas). A la vista de lo señalado, es evidente que la capacidad para hacer política de los republicanos está lejos de poder ser minusvalorada. Ocupe quien ocupe el Despacho Oval, la relevancia de los republicanos en el “indirizzo” político de la Federación será incuestionable, actuando como contrapeso de una Casa Blanca demócrata, o, caso improbable, como elemento de moderación de un eventual Trump Presidente. En este sentido, el hecho de que la Cámara Baja “sea mano” en relación con los “bills” financieros es un elemento capital para entender lo que ocurre y ocurrirá en el escenario político estadounidense.

No obstante, sea como síntoma de algo previo o como detonante de un fenómeno nuevo, lo cierto es que la presentación por el GOP del candidato Trump es uno de los “landmark” de la política norteamericana reciente. Así, si hacemos caso a determinados análisis, puede que nos encontremos a las puertas del fin del denominado sexto sistema de partidos estadounidense, imperante desde el final de la década de los sesenta cuando la tradicional hegemonía demócrata en el Sur se vio sustituida por la republicana, factor que explicaría buena parte de las vicisitudes de la política norteamericana en las últimas décadas (entre ellas, la asombrosa recuperación republicana tras el Watergate). Debe aclararse que los politólogos del otro lado del Atlántico hablan de nuevo sistema de partidos cuando se produce la desaparición de alguno de los dos clásicos y su sustitución por otro (caso del partido republicano como sustituto del anterior whig en los años previos a la contienda civil americana), como en los supuestos en los que tiene lugar una “migración masiva” de sectores del electorado anteriormente fieles a otra opción (como ocurriera con la minoría negra en la década de los 30, cuando abandonó su predilección republicana para integrarse en la gran coalición del new deal rooseveltiano). La disección de los próximos resultados electorales podrá darnos pistas al respecto.

A la vista de lo señalado, el verdadero reto para los republicanos comienza el día 9.

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