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POR LIBRE

Rivera intenta sustituir a Rajoy

Joaquín Vila
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directorelimparciales/8/8/20
domingo 06 de noviembre de 2016, 18:13h

Albert Rivera se ha debido creer que va a gobernar él. Y que solo si Rajoy cumple a rajatabla sus 150 propuestas, España prosperará, se reducirá drásticamente el paro, el desafío independentista catalán se esfumará e imperará la igualdad y la Justicia. Así de fácil. Eso sí, exige que le reconozcan los derechos de autor, que todo el mundo sepa que ha sido él quien ha obligado al presidente del Gobierno a seguir dócilmente sus instrucciones.

Todavía no ha digerido que estaba obligado a apoyar a Rajoy, pese a la urticaria que le produce, porque el PP había ganado ampliamente las elecciones, pero, sobre todo, porque antes había firmado un pacto de legislatura con un tal Pedro Sánchez, el amigo de los independentistas y del siniestro Pablo Iglesias. Y con ese bagaje, unas terceras elecciones hubieran acabado con su carrera política. Lo hizo muy a su pesar.

Ocurre, sin embargo, que Rajoy ya es el presidente del Gobierno y que él, con sus 32 escaños, ocupa el cuarto lugar en el Parlamento. Es verdad que el PP está obligado a contar con Ciudadanos para legislar, incluso que está dispuesto a pactar y a llegar a consensos con el PSOE y Ciudadanos, pues no le queda otro remedio tan lejos como está de la mayoría absoluta. Pero Rivera se equivoca si cree que las empalagosas 150 propuestas se aplicarán sin cambiar una coma. El guión del pacto es eso: un guión. Ahora corresponde a Rajoy interpretarlo con sus actores.

Y los actores para interpretar la política económica son dos veteranos con el colmillo retorcido llamados De Guindos y Montoro, que, como advirtió hasta la saciedad Rajoy, no están dispuestos, y con razón, a tirar por la borda, los éxitos de España en crecimiento económico y en la lucha contra el paro. Intentarán pactar, negociarán, escucharán los consejos de Garitano y compañía. Pero, al final, no cederán en las líneas maestras de su política. Le concederán alguna migaja para que pueda presumir y disimular. Y poco más.

La receta de Rivera para frenar el desafío independentista catalán no deja de ser una quimera. Es verdad, que la actitud de Ciudadanos ante la arrogancia de los secesionistas siempre ha sido valiente y acertada y, de hecho, en las elecciones autonómicas, el partido naranja obtuvo un gran éxito. También es verdad que, además de aplicar la ley, hay que hacer política e intentar dialogar y convencer, lo que nunca ha hecho Rajoy. Pero los políticos que gobiernan la Generalidad solo quieren una cosa: el maldito referéndum. Y de ahí no les va a mover ni Rivera ni nadie. Ni Soraya Sáenz de Santamaría, la encargada de lidiar con el toro más fiero del ruedo político.

Sin duda, las medidas de Ciudadanos recogen grandes ideas que deberían ser aplicadas: la independencia judicial, la lucha sin cuartel contra la corrupción, la aprobación de una ley de educación de largo recorrido o la reforma de la ley electoral. Y seguro que Rajoy aprovechará muchas de ellas, pues contienen las reivindicaciones que reclama a gritos la opinión pública. Pero Rivera se equivoca si cree que va a gobernar él, se equivoca si cree que va a sustituir y a humillar a Rajoy.

Rivera podrá lucirse ejecutando unos buenos capotazos en el centro del Hemiciclo, incluso clavará alguna banderilla al presidente del Gobierno. Pero que no olvide que quien tiene la muleta y el estoque se llama Mariano Rajoy, el maestro de la cadencia, del compás.

Joaquín Vila

Director de EL IMPARCIAL

JOAQUÍN VILA es director de EL IMPARCIAL

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