www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TIRO CON ARCO

Donald Trump: el populismo 'cipotudo'

Dani Villagrasa Beltrán
domingo 06 de noviembre de 2016, 19:41h
En su novela ‘Limónov’, el escritor francés Emmanuelle Carrère ensaya una especie de ‘autorretrato en negativo’ de él mismo. Carrère conoció a Eduard Limónov, poeta y narrador ruso exiliado de la Unión Soviética, en los años 80, en París. Entonces, Limónov era un ‘maudit’ encantador, un ‘enfant terrible’ cuyas salidas de tono hacían las delicias de los pijos cenáculos literarios franceses. Cuando todo el mundo estaba ya borracho, Limónov, que venía de publicar una novela al estilo de Henry Miller en los EEUU, traducida al francés como ‘El poeta ruso prefiere los negrazos’, se ponía a hacer apologías de Stalin, de los tiempos en que Rusia tenía al mundo en vilo con un empuje que parecía imparable. Añoraba el gulag y pedía que fusilaran al aperturista Gorbachov. Todo el mundo tomaba estas cosas a broma –“Limónov era nuestro bárbaro, nuestro gamberro: le adorábamos”, dice Carrère-, hasta que vieron al poeta ruso por televisión, enrolado en el ejército serbio junto al criminal de guerra Radovan Karadzic y disparando sobre la ciudad sitiada de Sarajevo.

Cuando en 2001 fue encarcelado en Rusia “por causas bastante oscuras en las que se hablaba de tráfico de armas y tentativa de golpe de Estado en Kazajstán”, en Francia ya no le quedaban amigos: “Decir que no nos atropellamos unos a otros en París para firmar la petición que reclamaba su excarcelación sería quedarse corto”, escribe Carrère.

En los tiempos de la corrección política, vemos que surgen líderes que dicen cosas que no se pueden decir y que, al parecer, mucha gente piensa. Son las ‘verdades como puños’, como suelen recalcar los adictos a la ‘prosa cipotuda’, esa categoría que ha acuñado Íñigo F. Lomana recientemente. Es el ‘pensamiento glandular’, el ‘cojonudismo’ del que hablaba Unamuno. Uno de los últimos representantes de esa tendencia anti-‘stablisment’ es Donald Trump. El millonario se presenta como antisistema y los mercados le dan la razón. Esta semana, Wall Street se amedrentaba ante la posibilidad de que el populista norteamericano gane las elecciones.

Mientras tanto, Hillary Clinton representa, en la mente de todos, el ‘stablishment’, el dejar las cosas como están.

A pesar de que lo más probable es que no gane, Donald Trump es el termómetro del descontento, la doctrina del ‘cuanto peor, mejor’, y suscita la imagen de un Calígula o un Nerón moderno cuyo nihilismo reaccionario e irresponsable fascina a muchos, como también lo hacía Limónov. Es la viva imagen de la incorrección, la furia de la horda, frente a la sensatez institucional.

En el lenguaje de los mercados, su victoria supondría un ‘cisne negro’, es decir, el revés poco probable y, sin embargo posible. Sería el segundo, tras el ‘Brexit’. El mundo está en vilo.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (1)    No(0)

+

0 comentarios