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TRIBUNA

Ni de derechas ni de izquierdas:¡es Trump!

Juan José Laborda
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jueves 10 de noviembre de 2016, 20:12h
El flamante próximo presidente de los Estados Unidos de América, y que podrá dirigir la nación más poderosa del mundo en los próximos ocho años, se dirigió a sus entusiasmados partidarios con un discurso, ciertamente inteligente, -que recordaba al que pronunció Barack Obama en ocasión similar-, que contenía frases como: “Los hombres y mujeres olvidados de nuestro país ya no seréis olvidados”.

Donald Trump ha conseguido atraer a 60 millones de norteamericanos, aquellos que se sienten, por lo menos, desprotegidos de cara al futuro, y muchos de ellos, excluidos social y económicamente, con propuestas que si no fuese -en términos partidarios- un líder conservador norteamericano, bien podrían ser los eslóganes de un dirigente de la izquierda de nuestro presente doméstico.

Trump, durante su campaña, se ha mostrado muy crítico con la OTAN, con las bases americanas en Europa, está en contra de los tratados de libre comercio, censura a los poderes económicos y a sus élites internacionales, repudia a la UE como proyecto capitalista, en fin, que hubiera podido aprobar las palabras que pronunció Cayo Lara, entonces jefe de IU, en su último día como diputado del Congreso, cuando exclamó desde la tribuna de oradores una consigna (que yo juzgué entonces antigua):¡OTAN no! ¡Bases fuera!

Íñigo Errejón, el más trabado y coherente dirigente populista de “Podemos”, ha vuelto a insistir en la teoría de que “la izquierda y la derecha son conceptos superados”. Las propuestas de Trump, contrarias a la globalización y al cosmopolitismo, contrarias a las organizaciones políticas, económicas y militares nacidas con las democracias triunfantes en la II Guerra Mundial, parece que son, en efecto, la constatación de que esas clasificaciones políticas están ciertamente superadas. Ante esto, se acude al tópico favorito, y se concluye con eso de que “los extremos se tocan”.

Es un tópico desde que Hannah Arendt, la estudiosa de la política de las dictaduras comunistas y fascistas, demostró que los totalitarismos de izquierdas y los de derechas coincidían en sus estructuras básicas; por ejemplo, en su rechazo a unas relaciones internacionales basadas en la cooperación y en la libertad comercial, que subyacía a una visión pesimista del mundo dividido en naciones o etnias amigas o enemigas. Lo que empezó como una guerra fría comercial y económica, terminó llevando a Europa a dos guerras mundiales y a la decadencia de sus naciones (Europa terminó siendo en 1945 un continente ocupado por americanos y soviéticos, y creímos en 1989 que podíamos superar ese trauma).

Desde el enfoque de Íñigo Errejón, por supuesto, no existe diferencia entre las izquierdas y las derechas. Ahora bien, si nos situamos defendiendo el Estado de Derecho y las libertades individuales, el control de los poderes y de los derechos inalienables de los ciudadanos, sí que se dan diferencias, que son esenciales en cualquier democracia representativa. Ya no es únicamente los de arriba contra los de abajo, sino el lugar fundamental de un sistema de libertades que garantiza una vida decente y sin sumisiones.

“Los extremos se tocan” es un razonamiento limitado para definir la actual situación mundial. Donald Trump será el referente mundial para los populistas de toda laya. No olvidemos que Hitler pactó con Stalin el reparto de Polonia y de los países fronterizos. ¿Fue una prueba de que los extremos se tocan? A esta pregunta respondo con lo que me dijo una socialdemócrata austriaca, Anna Elisabeth Haselbach, presidenta del Bundesrat de su país por 1991: “socialdemócratas y democristianos, que se odiaban en su parlamento, cuando Hitler invadió Austria y terminó con su democracia (con aplauso de la mayoría de los austriacos), fueron juntos a parar a los campos de concentración alemanes.”

“Los extremos se tocan” puede ser un juicio nada comprometido, políticamente neutral, y que sólo comprobará sus limitaciones cuando las consecuencias del populismo sean irreversibles (expulsar minorías raciales y a los delincuentes, hacer grandes obras públicas, bajar los impuestos, y proteger la economía propia fueron las soluciones de Jesús Gil como alcalde de Marbella, o de Hitler como caudillo de Alemania, medidas que Trump va a aplicar.)

Cuando Trump expulse a los sin papeles, produciendo un encarecimiento de la producción nacional, ¿Estados Unidos se lanzará a invadir países y mercados por la fuerza, si éstos se le resistieran? Yo lo dudo, entre otras razones, porque la época de la revolución y del nacionalismo han pasado a la Historia.

No habrá revolución mundial impulsada por Trump. Lo que ha ocurrido en estas elecciones norteamericanas ha sido una variante de la Fronda, una revuelta que sucedió en Francia un siglo antes de su Revolución. Como ahora con los votantes de Trump, la Fronda fracasó porque fue una suma de protestas contra el poder que se oponían unas con otras. Sin embargo, hoy los revoltosos tienen derecho de voto y se comunican por las redes informáticas. Por eso mismo la democracia debe volver imperiosamente a debatir en términos verdaderamente políticos. Un ejemplo de lo que no hay que hacer: ¡el PSOE anunciando su voto contrario a los Presupuestos del gobierno sin conocerlos!

Juan José Laborda

Consejero de Estado-Historiador.

JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.

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