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POCO A POCO

Presidente Trump, Año I

lunes 14 de noviembre de 2016, 17:35h

Superado ya el primer impacto de la victoria de Donald Trump en Estados Unidos, toca mentalizarse para lo que promete ser una legislatura movidita al otro lado del Atlántico.

Con los republicanos controlando el Senado, la Cámara de Representantes y el Tribunal Supremo, no tanto así la Presidencia, pues Trump ha demostrado ser indomable e imprevisible incluso para los de su propio bando, si es que acaso tiene alguno, es de esperar un giro radical de la política tanto interna como externa en EEUU durante, al menos, dos años, pues esto no tiene visos de cambiar como pronto hasta las elecciones de mid-term de 2018.

La primera en darle un margen de confianza al nuevo presidente, si bien con la boca pequeña, ha sido su propia rival el pasado martes: Hillary Clinton. En una responsabilidad de estado que no se ve por estos lares, la candidata demócrata ha cerrado filas en cierto modo con el histriónico personaje y ha llamado al país a contribuir, estar unidos y confiar en Trump en lo que demuestra ser una altura de miras, impostada o no, que no estaría de más saborear en España para variar.

Por lo pronto, Trump, en su discurso de la victoria rebajó el tono varios decibelios y lo que antes era un muro con México ahora parece que puede ser una valla. Lo que antes eran once millones de deportaciones, ahora son tres. Ya no quiere encarcelar a Clinton por el escándalo de los correos electrónicos. Bueno, algo es algo. Y es que está por ver qué margen de maniobra le dará el GOP en lo político y en lo legislativo a través de las dos cámaras del Congreso y cómo de amistoso se muestra Wall Street, lo que de verdad le duele a Trump, en lo económico.

Muchas de sus promesas de campaña son inconstitucionales, él lo sabe desde el momento en que las pronunció, y otras tantas son inviables desde un punto de vista material, como el congelar los activos financieros de 40 millones de personas hasta que demuestren que están en situación regular dentro de Estados Unidos.

De este modo, hay que saber discernir entre el Trump candidato y el Trump presidente. Es el mismo uniforme para distinto perfil. Ni que decir tiene que el carácter altivo y sísmico del magnate lo hace un presidente de los que deben preocuparnos, sí, pero está por ver qué distancia hay del dicho al hecho en este caso.

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