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LOS QUE NIEGAN LA EVIDENCIA

viernes 18 de noviembre de 2016, 12:48h
Conviene recordar que vivimos en una democracia pluralista plena. En la Monarquía...
Conviene recordar que vivimos en una democracia pluralista plena. En la Monarquía de todos. El parlamentario aislado que exhibió una bandera republicana tenía todo el derecho a hacerlo, como también aquellos que le podían haber recitado: “Voy a cantarte un fandanguillo que te va a dejar sentado. Me revienta ese morao que le has puesto al amarillo debajo del encarnao”.

Un tal Cañamero que acudió al hemiciclo con una camiseta adornada por el lema “yo no voté a ningún rey” estaba también en el derecho expresar su pensamiento, si bien algún diputado le podía haber recordado que la soberanía nacional representada en las Cortes por la voluntad libremente expresada del pueblo español votó la proclamación de Felipe VI en la ley de abdicación por el 86% del Congreso y el 90% del Senado.

Los podemitas que no se levantaron ni aplaudieron y los secesionistas ausentes están amparados por la libertad que conforma y vertebra el sistema democrático español. No solo no hay que rasgarse las vestiduras; por el contrario, hay que celebrar el pluralismo siempre dentro del respeto a la ley. Los antisistema deberán aceptar por su parte la crítica profunda que han sufrido por parte de políticos y periodistas que se caracterizan por su seriedad.

De los seis centenares de parlamentarios que abarrotaron el Congreso durante el solemne acto con el que se inició la XII Legislatura, 500 puestos en pie dedicaron al Rey una ovación cerrada y larguísima tanto al aparecer en el hemiciclo como al término del discurso. Negar esto es negar la evidencia misma. La sesión de las Cortes fue un gran éxito para la democracia española. También para el Rey. Los que allí estuvieron lo saben. Los que vieron el acto por televisión también. Algunos periódicos, algunos comentaristas que se distinguen por su sectarismo se han dedicado a manipular descaradamente la realidad. Da igual. Los que niegan la evidencia con su pan se lo coman. Porque ahí están los hechos tozudos e incontestables.