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FIDEL CASTRO O EL RETORNO DE LOS BRUJOS

sábado 26 de noviembre de 2016, 09:39h
En los altares de la macumba en Brasil, del vudú en Haiti, del winti en Guayana, de la santería en Cuba, yo he visto...

En los altares de la macumba en Brasil, del vudú en Haiti, del winti en Guayana, de la santería en Cuba, yo he visto la imagen expuesta de Fidel Castro. Los ritos pagano-cristianos que impregnan las creencias de infinidad de iberoamericanos rindieron culto religioso desde los años 60 al hombre que regía los destinos de Cuba. Siendo yo presidente de la agencia Efe, asistí en La Habana a un desfile conmemorativo a principios de diciembre, invitado en el palco presidencial junto a Nicolás Guillén y Gustavo Robreño. El fervor que despertaba Fidel Castro me pareció sustancialmente religioso. “No es un dictador vulgar -me dijo un día en Madrid Octavio Paz mientras cenábamos con Luis Rosales- representa el retorno de los brujos”. Siendo yo director del ABC verdadero, invité a colaborar a Nicolás Guillén, el gran poeta cubano, que escribió durante muchos años excelentes artículos en el periódico.

Natalia Figueroa me presentó en su casa madrileña a Alina, la hija de Fidel Castro, con la que mantuve relación de amistad durante varios años, amistad que no pierdo la esperanza de reanudar algún día. La recuerdo como una mujer muy inteligente, crítica con la política de su padre pero sin perderle nunca el respeto. Era muy bella y especialmente sensible. “Se equivocan los que creen que solo políticamente se derribará a mi padre porque lo que despierta en Cuba es en muchos aspectos un sentimiento religioso”, solía decir la hija de Fidel Castro.

Claro que además hay otros muchos factores para explicar el medio siglo que Fidel Castro ha dominado en Cuba. Fue político de extraordinarias cualidades personales, un orador fuera de serie capaz de galvanizar a las ovejas, hombre de carisma desbordante y de un valor personal invencible que conoció sin pestañear el silbido de las balas disparadas para matarle.

Octavio Paz escribió que la dictadura de Fidel Castro terminó transformándose en tiranía. Y mi idea personal sobre el éxito de permanencia de Castro es un poco distinta aunque no contradictoria al retorno de los brujos. Durante largos años, y en algunos aspectos todavía hoy, Estados Unidos esquilmó a los pueblos iberoamericanos y se enseñoreó en ellos. Fidel Castro alcanzó la cima de su popularidad inmensa porque se opuso abiertamente al Imperio. Ciertamente gozó del apoyo y del dinero de la Unión Soviética durante la guerra fría pero nadie le puede negar la rotundidad con que se enfrentó a los excesos imperiales de Estados Unidos.

Su muerte, si bien la dictadura castrista continúa, despeja, al menos en parte, los horizontes de Cuba y de los cubanos que anhelan la libertad.