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DESDE ULTRAMAR

Fidel, el barbudo eternizado

jueves 01 de diciembre de 2016, 20:11h

Ser cremado. Fidel Castro lo pidió. Muy astuto. Cuando las dictaduras caen, a veces la gente se abalanza sobre las tumbas de los caudillos y las profanan. Las cenizas podrían ser menos atractivas para las muchedumbres en este caso, que los girones depositados en urnas y mausoleos faraónicos.

No es una regla, solo digo que sucede.

Amén del simbólico recorrido que sus cenizas harán atravesando la Gran Antilla, siguiendo la senda gloriosa de su Revolución triunfante en el 59, después de haberse refugiado en México –de donde zarpó en el Granma– lo visto por mí –a través de una transmisión en vivo difundida por las redes sociales– la mañana del miércoles con las principales calles de La Habana atestadas de gente que, guardando la debida compostura, ondeaban en silencio banderas cubanas, interrumpiendo su reflexión con ¡vivas! a Fidel, como era de esperarse, me resulta ciertamente sorprendente y la noche previa ver esa concentración gigantesca en homenaje a Fidel, pocas veces.

Desde luego que las voces opositoras existen aun dentro de la Isla, pero están llamadas a la mesura.

Se suele repetir que los cubanos que no conocieron la Cuba precastrista y que solo han visto lo que han conocido con Fidel, son quienes lo adoran y no comparan su realidad con otras posibles. Que los jóvenes quizás no ven más allá del horizonte y se repite el espacio común de que Fidel solo es un acartonado personaje, acaso tercermundista. Ojalá y solo hubiera sido eso, pero afirmarlo es desconocer su trayectoria y su impacto. Nada más recordarnos que era un líder y se paseó por todos los escenarios del mundo. ¿Franco, por ejemplo, tiene esas mismas credenciales? Me temo que no. Que alguien lo llamara centinela de Occidente, era su problema. Castro deambulaba en otra dimensión. El drama de la Revolución conlleva que a la Isla le devolvió esa dignidad negada en 1898.

Me temo que además, no es tan solo eso. Sí es verdad que como los personajes de su talla nos dificulta encontrar opiniones intermedias. Lo que sale sobrando en todo caso es la defenestración absoluta, amén de pecar de ignorantes de la Historia. Por la memoria al propio Fidel Castro, merece ponderarse su actuación.

Como buen dictador se ha ido impune. Como inspirador de una revolución cuyos barbudos tanta alegría generaron en México cuando se supo que echaron a Batista, según me ha contado mi madre, hicieron de Castro todo un personaje, legendario al derrotar la invasión de Playa Girón. En América fue un referente obligado. ¿Tercermundistas, afirmarán? Acaso uno que plantó cara a los que generaron el Tercer Mundo. Dicho así, sería comprensible porqué no lo quieren.

Déjeme contarle que escasos días antes de su muerte, visitó La Habana un alumno mío, Francisco Javier, pues deseaba competir y compitió en la maratón habanera. Se la ha pasado bomba. Regresó muy entusiasmando de Cuba y me dijo que él no sabía si ya se veían cambios gracias a los sucesos de los últimos tiempos, mas detectaba algunos, pero que no vio la Cuba cerrada de antaño. Eso sí, pocas libertades, aún. Preguntó de todo cuanto pudo. No le temen a Trump, afirman, porque si revierte los avances de Obama, ya están acostumbrados a la escasez del bloqueo.

Aún obtuvo por respuesta que “de política y religión mejor no hay que hablar”. Pero hubo quien le dijo que respetaba profundamente a Fidel y al régimen y que por ello decidían mejor no opinar porque confiaban en él. Que hubo jóvenes, quienes nacieron bajo el régimen y que crecieron con sus caricaturas, que incluso decían quererlo, tenerle afecto y que les molestaba profundamente que uno como extranjero se expresara mal de él, porque él es su libertador y no un tirano. Las opiniones son divididas entre las personas que fueron conscientes de lo que era la propiedad privada y el capitalismo y quienes vivieron el socialismo de Fidel, me dijo Francisco Javier.

Sumaré un par de ideas más. Tuvo su propia identidad, nunca eclipsada por el Che. Cada cual fue lo que fue. Tozudo, de mente preclara, tenía el don de pescarlas al vuelo y su sagacidad lo salvó de más de una. Su olfato fue inigualable. Su capacidad para articular apoyos y si se quiere, para engatusar mayorías, también.

Estos días posteriores a su deceso ha circulado la nota que afirma que los isleños quieren preservar su legado. Se antoja complicado. No hubo franquismo sin Franco ni chavismo sin Chávez. ¿Sobrevivirá el castrismo sin Castro? ¿qué no son lo mismo? En resumidas cuentas lo son: dictadura caudillil y autoritarismo unipersonal van de la mano y tienen vasos comunicantes. ¿Y represores? De forma tal que al menos yo sí les veo bastante parecido. Cada cual en su circunstancia, pero de maneras muy parecidas. Seamos sensatitos al admitirlo. Y sí: la España que recibió Franco no era la misma que dejó. De Cuba dígase lo mismo.

No considero que sobrevivirá el castrismo. En dado caso, la Revolución Cubana necesitará identificar sus ideales y principios, sus logros existentes, sus elementos propios y no necesariamente castristas, si es que ello fuera posible. La Cuba postfidelista merece mirarse a sí misma. Se incluyente y democrática. Puede no renunciar a los altos valores defendidos por ella pero hasta allí. Ese es su reto más acuciante y más trascendente porque de ello dependerá que en verdad sobreviva a los Castro. Y resista los embates de sus enemigos declarados.

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