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TRIBUNA

La enfermedad como síntoma

viernes 16 de diciembre de 2016, 16:30h

"La enfermedad es un maestro, una oportunidad para organizar una armonía superior en nuestra propia vida, a nivel físico, emocional, mental y espiritual". Dr. Jorge Iván Carvajal Posada

Dice la RAE que lo ‘psicosomático’ da lugar a una acción de la psique sobre el cuerpo o al contrario, es decir, que la mente influye en el cuerpo y viceversa. Por lo tanto, cualquier enfermedad (o su sanación) se debería ver afectada de forma negativa (o positiva) por lo que acontece en nuestras mentes. Entonces, dos hermanos con el mismo defecto genético o dos personas con la misma anomalía podrían (o no) desarrollar una enfermedad determinada por sus genes dependiendo de su estilo de vida, de lo que comen, etcétera, pero también de cómo piensan y cómo se sienten. El interruptor que regula, enciende o apaga el desarrollo de toda enfermedad dependería, en gran medida, de nuestra psique. Hablo de defectos y anomalías porque creo que el estado natural de las personas tendría que ser la salud y no la enfermedad. Los seres humanos, como los animales, en su estado óptimo y equilibrado deberían ser saludables.

En general, la ruptura del equilibrio personal (cada uno tiene el suyo propio, único e intransferible) produce efectos secundarios visibles en la mayoría de las ocasiones. A veces son sutiles e inofensivos, pero el mensaje de cada uno de ellos está ahí para ser observado y descifrado. Problemas de piel, de estómago, de hígado o de corazón; dolores de cuello, de boca, de espalda o de garganta; ojos, oídos, pulmones, sangre, cabello, vejiga, vesícula, órganos sexuales. Hasta el propio cáncer es, en parte, consecuencia de cómo afrontamos nuestras circunstancias personales,… o de nuestra suerte, según se mire, pero: ¿hasta qué punto uno podría pintar su propio camino sin salirse de la línea?

Creo que la vida, la biología y, en especial, nuestra mente es demasiado compleja como para pretender controlar las variables que nos afectan por fuera y por dentro, pero también creo firmemente que cuando uno escucha -con la mente- lo que el cuerpo le está intentando decir: “algo va mal”, “nos estamos saliendo del buen camino”; entonces, el proceso curativo no ha hecho más que empezar, ya que cuerpo y mente aúnan fuerzas y dejan de ir por libre, como de costumbre.

Si de repente les dijera que es muy probable que sus problemas digestivos estén relacionados por un asunto de sus vidas que no son capaces de digerir o que su problema de insomnio yace en un exceso de control; si les contaran que las infecciones se producen en personas que rehúyen los conflictos o que la miopía es el proceso biológico que nos impide ver ‘algo’, dentro o fuera de nosotros; si sus dolores de cabeza vinieran de tanto calentársela o de su tozudez y sus problemas de piel fueran causa de su aislamiento o de su represión sexual; si cuando tienen mucho miedo tuvieran diarrea o cuando se aferrasen demasiado a lo material o no quisieran ceder estuvieran estreñidos; si se mordieran las uñas o castañearan los dientes por la noche para reprimir su agresividad y estuvieran deprimidos porque, el fondo, es una excelente forma de rehuir la responsabilidad; si no exteriorizar sus sentimientos, ser demasiado racionales o llevar una vida poco ‘fluida’ causara trastornos en el corazón u obstaculizara la correcta circulación de nuestra sangre, el jugo de la vida; si los accidentes de tráfico, en el hogar, en el trabajo o, incluso, romperse una pierna fueran muchas veces provocados inconscientemente por cada uno de nosotros: ¿podríamos seguir mirando a otro lado, voluntariamente?

El lado oscuro no siempre muestra sus garras y los efectos nocivos de la tensión entre mente y cuerpo pueden mantenerse latentes durante toda una vida. Podemos pagar una vida sin equilibrio, por defecto o por exceso, con todo tipo de enfermedades físicas y mentales, pero parece ser que vemos con más facilidad aquellos problemas derivados de los abusos que al revés y, aunque unas veces sobran quehaceres, responsabilidades y posesiones, en otras hacen falta más libertad, diversión o reposo. Bajar el ritmo, soltar y parar nos sana en muchas ocasiones, pero en otras mejor nos iría si abandonáramos una vida tan ordenada y responsable, ya que ser un poco más ‘malo’ o descarado, incumplir las normas, holgazanear o romper las cadenas es, a veces, lo que necesitamos para volver al camino de lo correcto. Por nuestro propio bien y por nuestra salud física y mental, ya que cuerpo y mente, yin y yang, se funden en el mismo círculo.

“Ni la mente genera síntomas corporales ni los procesos físicos determinan alteraciones psíquicas. Sin embargo, todos los elementos contenidos en la mente tienen su contrapartida en el cuerpo y viceversa. En este sentido, todo es síntoma”. Thorwald Dethlefsen y Rüdiger Dahlke, “La enfermedad como camino”

Nacho López

Asesor Financiero

NACHO LÓPEZ, dedicado al mundo de la banca de inversión y comercial, al mercado de capitales, al análisis y al asesoramiento bursátil, ha trabajado en los principales bancos españoles y en otros internacionales de primera línea.

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