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TIRO CON ARCO

Hitler en un cine de París: la posverdad

domingo 18 de diciembre de 2016, 19:50h
Facebook se siente responsable por las noticias falsas que corrieron como la pólvora en su red social durante la campaña electoral en EEUU, y configuraron en buena medida eso que se llama ahora la posverdad. Este viernes anunciaba su fundador Mark Zuckerberg que marcarán las informaciones sospechosas de ser falsas. El sábado me acordaba de la posverdad, el término del año para el diccionario Oxford, mientras veía por enésima vez ‘Inglorious Basterds’ a la hora de la siesta en un canal de cine. Contra toda lógica realista, Tarantino mata a Adolf Hitler en un cine de París, junto a la plana mayor del partido nazi. Es una inteligente catarsis para una sociedad que sabe que Hitler murió suicidado junto a su amante Eva Braun y su perro Blondie en el búnker de Berlín, con los rusos a las puertas de la ciudad. Aunque, bueno, hay teorías. También hay quien dice que Hitler se largó a Argentina, donde se afeitó el bigote y vivió una vida apacible hasta alcanzar una avanzada edad. Me dicen por ahí, y comparto la opinión, que la teoría de la conspiración siempre es más divertida que la verdad. La posverdad tiene mucho de las teorías de la conspiración o las leyendas urbanas que van circulando, ahora a velocidad de fibra óptica.

Definen los del Oxford la posverdad: “Denota circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal”.

Nota Oscar Wilde, en ‘La decadencia de la mentira’ que los antiguos planteaban narraciones plagadas de mentiras como la verdad, y que los modernos, por el contrario, largan, en la época de Wilde y también ahora, un libro plagado de cosas que jamás sucedieron, pero que tiene pretensiones de verdad. La estética del realismo, vamos.

Otra que tiene pretensiones de verdad es la prensa. La verdad no es fácil. Dicen por ahí que si la posverdad no será la mentira, a secas, la de toda la vida. Que va. La posverdad es algo mucho más seductor que la mentira. Creo que sólo el que de verdad está dispuesto a vivir en la incertidumbre puede llegar a alcanzar un poco de verdad. Con esta opinión mía, es lógico que me fascinen todos los que consideran que la verdad es evidente a los ojos, lo más natural y normal del mundo y que, en todo caso, seremos los periodistas los que la embrollamos. Sospecho que estas personas se adhieren con más facilidad a la posverdad.

Cabe decir que la madre de la posverdad es la posmodernidad, y que para más señas hay que preguntar por Nietzsche.

Esta semana se cumplía el 50 aniversario de la muerte de Walt Disney, y la prensa volvía a recordar que no, que no está congelado aunque así lo diga la leyenda urbana. Pero si un mito dura tantos años –se creó con un desmentido, en 1972-, es porque mucha gente ha querido creerlo.
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