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POESÍA

Teresa Herrero y Jesús Munárriz (ed.): Poemas amorosos del Manyooshuu

domingo 25 de diciembre de 2016, 18:50h
Teresa Herrero y Jesús Munárriz (ed.): Poemas amorosos del Manyooshuu

Selección, traducción, introducción y notas de Teresa Herrero y Jesús Munárriz. Hiperión. Madrid, 2016. 136 págs. 16 €.

Por Inmaculada Lergo Martín

El conocimiento y el gusto por la poesía japonesa pasó a Occidente en el siglo XX a través de los haikus -poemas breves que, con una estructura marcada, concentran una emoción generalmente asociada a algún elemento de la naturaleza-, los cuales calaron con rapidez en Estados Unidos y en Europa, con seguidores de la talla de Ezra Pound y, dentro de nuestro país, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Federico García Lorca o Luis Cernuda, por citar solo unos pocos. Sin embargo, otras formas o corrientes de la poesía japonesa han sido y son menos conocidas. De ahí el interés de esta antología, que recoge otro tipo de composiciones, como tankas o sedookas y que muestra los inicios de la lírica escrita en japonés.

Poemas amorosos del Manyooshuu es una selección de poemas de la conocida como «Colección de las diez mil hojas», primera gran antología de poesía japonesa, compuesta por más de 4.500 poemas escritos entre los siglos VII y VIII. Se han escogido para esta antología los de tema amoroso, que es uno de los predominantes en la colección original. No debemos dejar de señalar que la editorial Hiperión ha sido la principal impulsora en español de la poesía oriental; tanto japonesa, con ediciones pioneras y traducciones de gran nivel (Un puñado de arena, Cantares de Ise, Maniosu. Colección para diez mil generaciones, Cien poetas, cien poemas. Hyakunin Isshu, Kigo. La palabra de estación en el haiku japonés, Senda de Oku, Haikus en el corredor de la muerte, etc.), como china. Muchos de estos títulos -recuerdan los editores en la introducción- debidos al trabajo constante y entusiasta del gran experto en cultura japonesa Antonio Cabezas.

El presente volumen, junto con la traducción en español de los poemas -que sin duda destaca por estar hecha con una enorme sensibilidad estética-, ofrece otras dos versiones de cada poema: la original en japonés y, con muy buen criterio, la versión fonética, que permite a los no conocedores de los caracteres japoneses poder leerlos y apreciar sus matices sonoros de ritmo y musicalidad, como puede comprobarse en los siguientes versos de Kume Hirotsuma: “Kono shigure / Itakuna furiso / Wagimoko ni / Misemu ga tame ni / Momiji toritemu” (“Lluvia de otoño, / no descargues tan fuerte / deja que coja / las hojas amarillas / y las muestre a mi niña”). Se incluyen también unas breves notas aclarando algunos detalles de nombres, juegos de palabras, connotaciones culturales, etc., necesarios para captar el sentido y todos los matices que de otra forma un lector occidental perdería.

A pesar de la cuidada métrica y las normas de composición que rigen estos poemas, predomina en ellos la sencillez y un tono de poesía popular que nos lleva también a establecer un cierto parentesco con nuestra poesía amorosa medieval de tradición popular, como las cantigas y las canciones de amigo: “Nos manda a todos / el toque de campana / ir a acostarnos, / pero pensando en ti / ¿cómo voy a dormir?”. Una poesía, como apuntan los editores Teresa Herrero y Jesús Munárriz, incipiente y en proceso de desarrollo, que se caracteriza por la frescura en la descripción de las emociones (“En el otoño / las espigas de arroz / se inclinan todas. / Yo me arrimo, como ellas, / a mi amado, aunque hablen”) y donde la expresión abierta de la sexualidad es reflejo de la diferente forma de vivir las relaciones entre hombres y mujeres, quienes ocupaban dependencias separadas incluso tratándose de marido y mujer: “Y sin almohada, / separadas las mangas, / como un alga / preciada y ondulante / me esperarás con ansia”; Puede tocarse / hasta el árbol sagrado. / ¿Y por qué, entonces, no se puede tocar / a la mujer de otro?”.

En definitiva, Poemas amorosos del Manyooshuu es sin duda una golosina lírica de sabor sutil y vagos aromas que serenamente van dejando su poso: “Amargo es / el amor si está oculto / como el lirio estrellado / que en el campo en verano / florece entre malezas”.

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