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Se impuso la sensatez

Alejandro Muñoz-Alonso
lunes 23 de junio de 2008, 20:27h
Se equivocaron quienes pronosticaban que la cita valenciana del PP iba a ser un congreso de confrontación y acertaron los que, desde hace ya bastantes semanas, constataban que frente al humo de los llamados críticos Rajoy presentaba la única alternativa seria y sensata para el gran partido del centro derecha español. Como en la vieja fábula, ha sido mucho mayor el ruido que las nueces porque tras el desordenado frente que desde el mismo 9 de marzo trató de forzar una precipitada, intempestiva e injusta retirada de Rajoy no había nada o muy poco. Ya hemos señalado desde esta columna que resulta difícil encontrar precedentes a la operación de acoso y derribo montada contra el líder popular, operación que contaba con mínimo apoyo desde dentro del partido, pero que dispuso de una desproporcionada cobertura publicitaria, porque dos medios de comunicación se pusieron ciegamente a su servicio, marcando tiempos y sugiriendo argumentos. Dos medios que, olvidados de la naturaleza de la función periodística, se han dedicado a hacer política, haciendo uso de las peores armas del peor periodismo. No es poco el daño que han hecho, en primer lugar a ellos mismos, ya que su credibilidad ha quedado por los suelos y sabido es cuánto cuesta recuperar, en el mundo mediático el crédito malgastado o dilapidado.

La entidad del llamado sector crítico era tan insignificante que ni siquiera fue capaz de parir un ratón, como en la fábula del parto de los montes. Tras las aireadas críticas no era difícil adivinar esas ambiciones personales que en política se suelen adjetivar como legítimas, pero que dejan de serlo cuando se daña seriamente a la organización política a la que se pertenece. Del cacareado “debate de ideas” nunca más se supo porque se trataba de algo tan impostado como falso. Aunque algún atisbo de ese carácter podía adivinarse en la inquina crítica contra la idea de “centro” como definitoria del partido, que parecía intentar recuperar una añeja y oxidada derecha que nunca ha tenido éxito en España. Muchas de las voces críticas, que han merecido tan desproporcionada atención mediática, eran personas, en cuanto tales tan respetables como cualesquiera otras, pero que carecían por completo de cualquier proyecto político digno de tal nombre o del indispensable seguimiento, sin el que es imposible lanzarse a la arena política. Ninguno de ellos manejaba esa técnica de agregación de voluntades en que consiste la política. Rajoy, por el contrario ha demostrado, en las peores condiciones imaginables, que sabe capear los temporales y actuar como un líder responsable. No ha habido en Valencia congreso “a la búlgara” porque el que ha querido ha salvado su voto o no ha votado. A nadie se le ha pedido ninguna “adhesión inquebrantable”.

Con paciencia y sentido común, Rajoy ha ido, durante el periodo pre-congresual, pinchando uno tras otros los “globos” de los críticos y ha llegado a Valencia con un apoyo masivo, sin más contrapunto que el sordo rumor de los inevitables y reducidos descontentos o de los que se sienten agraviados porque su nombre no figura entre “los elegidos”. Seguramente que Rajoy ha pretendido que sean todos los que están aunque piense que no están todos los que son. Algo inevitable en una gran organización como es el PP. Rajoy ha formado un equipo que no desmerece de los que el PP ha tenido en sus mejores momentos. Ha buscado la integración porque, como repitió, uno de sus principales objetivos es garantizar la unidad del partido, mantenida desde la refundación y puesta en peligro por las andanadas de los críticos. Y no ha vacilado en integrar a algunos de estos críticos. Sólo ha dejado fuera a los que, a la crítica política, acompañaron la descalificación política e incluso personal del propio Rajoy. Nadie habría entendido otra cosa. Cualquiera que analice los datos objetivos de la situación española no puede sino concluir, en nuestra opinión, que el PP no es sólo la única alternativa posible (y necesaria) de gobierno en la España actual, sino que se encuentra en perfectas condiciones de conseguirlo. La afirmación de “vamos a ganar” no es un farol típico y obligado en este tipo de reuniones de partido. Como dijo el reelegido presidente se trata de seguir haciendo las mismas cosas pero con voluntad de hacerlas mejor. Y eso exige deshacer falsas imágenes y hacer que el mensaje se oiga donde todavía no ha llegado.

Alejandro Muñoz-Alonso

Catedrático de la UCM

ALEJANDRO MUÑOZ-ALONSO es senador del Partido Popular

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