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JORNADA 17: VILLARREAL 1 BARCELONA 1

El Villarreal aburre a un Barcelona impotente y regala más liderato al Madrid | 1-1

domingo 08 de enero de 2017, 22:35h
La pelota fue culé pero la mejor defensa de la Liga se impuso y Messi rescató un punto.

El Villarreal estrenó su renovado Estadio de la Cerámica de la mejor forma posible: desestabilizando a uno de los gigantes del balompié actual. El tanto de Sansone, en una de las pocas contras que consiguió engarzar el conjunto levantino, redobló la exigencia ofensiva a un Barcelona que dominó el ritmo y la pelota pero que no acertó en los metros finales. El quinto clasificado se atrincheró, confirmando su evolución hacia el pragmatismo, y la mejor defensa sobre Messi que se recuerda selló un empate de campanillas que aleja a los culés de la cima liguera. Sólo una genialidad de La Pulga, sobre la hora y a balón parado, matizó el resbalón del tercero.

El enfrentamiento mostró con rapidez el aprendizaje de Luis Enrique con respecto a su primera derrota del recién estrenado 2017. En Bilbao permitió que el ardor local impusiera la pauta de juego, descomponiendo la identidad del favorito hasta arrinconarlo a su vertiente de repliegue y contragolpe. En el antiguo Madrigal la escena fue diversa. Con Neymar y Messi actuando como interiores -permanentemente conectados a Iniesta- y los laterales actuando como extremos, la posesión alcanzaría cotas superiores al 70% en un ejercicio monopolístico desacostumbrado pero vehemente. De este modo, el envite nació templado por las circulaciones horizontales y se desarrolló en base al modelo controlador visitante y la pulsión de achique y carrera del otrora virtuoso equipo combinativo amarillo.

No escatimarían ambos contendientes intensidad en un acto inaugural vibrante. Y, en consecuencia, el espectáculo tomó los focos en intervalos deliciosos. Iniesta fue el encargado de abrir los fuegos artificiales al sentar a su par en el pico del área y ejecutar un lanzamiento cruzado que atrapó Asenjo -minuto 3-. Una pared fulgurante entre el manchego y Messi en la frontal que el argentino prolongó con un balón aéreo de seda hacia el desmarque de Neymar confirmó lo burbujeante del planteamiento. El meta local volvería a sellar su portería y negar el tanto al carioca -minuto 7-. Acto y seguido avisó el Villarreal de su potencialidad. Había susurrado una presión elevada pero la velocidad asociativa blaugrana le obligó a replegar velas y esperar turno. Su primera concatenación acelerada de pases generó una gran aproximación a Ter Stegen. Jaume Costa apuró su carril, propulsado por Pato, y centró para la volea desviada de Jonathan dos Santos, que yacía sin marca en el segundo poste -minuto 9-.

El conjunto levantino justificó su registro menos goleado de la Liga (11 tantos, tres cedidos en casa) con una red de ayudas en su cancha que empantanaría a un Barça entregado a dominar, primero, y morder, en segundo término. Jugaba en estático el favorito y lo hacía en cancha ajena, a pesar de haber saboreado la amenaza rival si no ajustaba su vigilancia tras pérdida. Pero daría un paso al frente, pleno de personalidad, en este último punto el conjunto barcelonés y establecería un dictado absoluto de la trama. Con Digne completando su mejor actuación con esa camiseta en ambas fases de juego (sumaba en ataque y arrebató un remate a Dos Santos, in extremis, en otra opción franca en la diestra del ataque local pero que victimizaba a un Sergi Roberto desatendido en defensa), el cuero era herramienta de defensa, a la espera de localizar el pasillo adecuado que cambiara el ritmo.

Escrivá tejió un colapso en la parcela central para congelar el juego entre líneas y su cohesión encerrada le permitió sostenerlo con solvencia. Aunque Neymar insistiera en bordearlo en acciones individuales de forma convincente. La ortodoxia del cierre amarillo se estaba cobrando como mártir a sus mediocentros -sobre todo a Trigueros, pues no gozaba de tres pases encadenados-, comprometidos en un esfuerzo continuado e intensivo de tapón de la calidad rival. Ante tal resistencia, los pupilos del Lucho empezaron a buscar medidas alternativas, como el disparo desde media distancia, con Andre Gomes como ejecutor infructuoso del primero, en el minuto 18. Y en torno a 20 aparentaba virar el envite, pues la comodidad replegada del Villarreal le había nutrido de seguridad para alzar las líneas y probar la ganancia de metros y una mayor ambición posicional. Así, cuando estaba entrando en el debate por la posesión enganchó otro contragolpe relampagueante que intranquilizó someramente al Barça.

Una pérdida en campo rival se tradujo en una contra, al galope solitario de Sansone (referente ofensivo y faro de desahogo castellonense junto a Pato), que se deshizo de Mascherano por vértigo y chutó a las manos de un Stegen bien colocado. En el 22 lo volvería a intentar el mediapunta transalpino tras una superioridad local, otra vez por el carril de Sergi Roberto. El guardameta alemán resolvería sin complicaciones y también lo haría un consistente Barça, que reaccionó al instante. Fue por la vía de Neymar (que no marca desde octubre). Se desperezó en el 23 con el apoyo de Digne. El lateral cedió al movimiento diagonal del brasileño, que deshilachó la marca de dos zagueros con un amague y chutó demasiado angulado desde la frontal. Esta llegada matizó el respingo local y volvió a imponer el soliloquio culé. El golpeo lejano de Iniesta cumplida la media hora inicial abrió un cierre de primer acto plácido para el guión de juego dominador visitante. Eso sí, la producción ofensiva, ante un contrincante rearmado y reatrincherado se limitaría a la pizarra y al despertar de Suárez (fuera de la dinámica durante casi todo el partido). Neymar, de nuevo, volvió a crear incomodidad a sus rivales al lanzar un córner cerrado que Messi remató, anticipándose desde el primer poste, para que Asenjo mostrara sus reflejos y devolviera el cuero a la esquina -minuto 43-. Finalmente, en el 45, el delantero charrúa remataría raso y a las manos del omnipresente guardameta español otra aparición acertada de Digne.

El entretiempo se decretó con una relación de cuatro a diez llegadas a portería y dos a cuatro tiros entre palos, todo ello con el Barcelona victorioso. En efecto, poco podía reprochar Luis Enrique a sus futbolistas ante la exhibición de jerarquía expuesta tras el mal inicio de 2017. Los fantasmas parecían espantados y la pelota volvía a su redil nuclear para domesticar a cualquier estadio. Y, por ende, el candidato a todo se dispuso a continuar la obra en la reanudación. Sin embargo, tras los primeros minutos del segundo tiempo se comprobó que sobre un tempo pausado había sobrevivido con soltura -y lo seguiría haciendo- el Villarreal. Y no sólo eso. En el 49 alcanzaría a obtener la cosecha que le fue negada en el intercambio de golpes desatado al inicio de la batalla. Un pase impreciso de Digne hacia el ecuador del terreno de juego local cayó en los cordones de los estupendos lanzadores amarillos, que conectaron con frenesí con Pato. El brasileño despegó desde la espalda de Busquets, pintando un tres para tres con pase quirúrgico a Sansone. El italiano perforó a Mascherano y ajustó su derechazo cruzado a la cepa del poste de Stegen para abrir el marcador.

Tragó el golpe el sistema azulgrana sin descomponer la figura, aunque sí optaría por hacer cambios el técnico asturiano, pues la solidaridad de esfuerzos y el rigor táctico del club levantino estaban exigiendo una mayor verticalidad y velocidad combinativa a la apuesta visitante, que jugaba a contrarreloj y no había dispuesto, prácticamente, de espacios para que su tridente se desenvolviera en manos a mano ventajosos. Antes de que Denis Suárez y Arda sentaran a Andre Gomes y Digne (en un intento del Lucho por combatir la superioridad numérica central castellonense), un derribo imprudente de Trigueros a Neymar en el pico del área -en tesitura de tres para uno en favor de la defensa local- frotó la imaginación de Messi, que lanzó la infracción con ardorosa astucia, alzando una acción sorpresiva que el brasileño no supo facturar como el empate. Su chut no adquirió dirección y Asenjo lo detuvo sin aflicción. Pero se atisbaba el crecimiento del magnetismo del 10 argentino, que ya había ocupado el rol de distribuidor, por detrás de la línea ofensiva. El otro desatascador, Iniesta, volvía a chutar desde la cueva de forma infructuosa y Mascherano peinaba una falta lanzada por su ilustre compatriota sin hacer diana por poco antes del desenlace de asalto catalán y sufrimiento levantino.

Un error en la entrega de Sansone, que confluyó en el desborde de Neymar y la cesión para la arquetícpica llegada de Messi inauguraba el epílogo magnífico, en interés e intensidad, venidero. Bruno trató de cortar el envío, pero el argento alcanzó a chutar. La mano del mediocentro participó en el desvío a córner y se confirmó como clamoroso penalti no pitado. En la jugada posterior, Messi volvería a llamar a la puerta, cada vez más desamarrado, con un latigazo al poste cuando se encontraba rodeado de contrarios -minuto 74-. El Villarreal se revolvía e intentaría respirar con la pelota o a la contra, pero rápido entendería que su única forma de llegar a la orilla era la épica especulativa y Asenjo. El meta salvaría a los suyos en el 75, taponando el envío venenoso de Suárez en una contra sensacional dirigida por Lionel. Dicha acción equiparó el bagaje de reclamaciones al colegiado, pues nació de otra mano en el área no pitada, en este caso de Mascherano ante el chut del italiano Soriano.

Escrivá diseñó su cierre de partido dando entrada a Samu Castillejo, Rodri y Álvaro por Pato, Soriano y el lesionado pero espléndido Musacchio. Padecería, además, la expulsión por doble amarilla de Jaume Costa. Y se la jugaría a "defender mucho rato", como dijo su capitán al término del duelo. Sin pelota. El Barça zanjaría su traca postrera con la acumulación de circulaciones horizontales en la frontal que derivaban en centros laterales inocuos. Y, cuando la temperatura se había disparado y la presión que caía sobre el conjunto catalán pesaba más que la que los azulgrana estaban arrojando sobre la retaguardia amarilla, Messi apaciguó el desasosiego con un chispazo trascendental. El enésimo. Un falta al borde del área conectada con la escuadra, en el minuto 90, sellaría el empate definitivo. La belleza del golpeo sentenció un reparto de puntos en el que ambos púgiles se sintieron merecedores de más, si bien ambos jugaron bien al fútbol, cada uno desde su concepción y estilo. Lo cierto es que este pinchazo catalán, incapaz de precisar su producción ofensiva para convertirla en estadística (con Alcácer en la banca, otra vez inutilizado), entrega al Real Madrid la opción de ampliar su distancia en el liderato (de cinco a ocho puntos) a través de su partido aplazado ante el Valencia. El inicio titubeante de año culé se contrasta con la incipiente sangría de resultados y la endurecida piel del Villarreal consiguió mantenerle, una jornada más, con los puestos de acceso a Liga de Campeones a tiro de piedra.

Ficha técnica:
1 - Villarreal: Asenjo; Mario, Mussachio (Álvaro, m.86), Víctor Ruiz, Jaume Costa; Bruno, Trigueros, Dos Santos, Soriano (Rodrigo, m.83); Sansone y Pato (Castillejo, m.77).
1 - Barcelona: Ter Stegen, Sergi Roberto, Piqué, Mascherano, Digne (Arda Turan, m.72); Busquets, André Gomes (Denis Suárez, m.68), Iniesta; Messi, Suárez y Neymar.
Goles: 1-0, m.50: Sansone. 1-1, m.90: Messi.
Árbitro: Iglesias Villanueva (Comité ). Mostró tarjeta amarilla al local Sansone y a los visitantes Sergio Roberto y Piqué. Expulsó a Jaume Costa (m.93) por doble tarjeta amarilla.
Incidencias: partido correspondiente a la decimoséptima jornada de La Liga Santander disputado en el Estadio de la Cerámica ante más de 20.000 espectadores. En los prolegómenos del partido se dio a conocer el cambio del nombre del estadio y el proyecto de remodelación del recinto.
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