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Alarmante política exterior de Trump

sábado 21 de enero de 2017, 11:07h
El discurso de Donald Trump en el solemne acto de toma de posesión celebrado ayer se esperaba con expectación. No dejaba de pensarse que quizá el presidente norteamericano adoptara un tono institucional que, al menos, rebajara el talante de su bronca campaña y de sus preocupantes mensajes. Pero no ha sido así. Trump se ha mantenido fiel a sí mismo y ha escenificado su mejor discurso “de campaña”. Un discurso que implica numerosos territorios, siendo uno de los más inquietantes el camino por el que discurrirá la política exterior del flamante inquilino de la Casa Blanca.

Todo apunta a que Trump apuesta por un cambio de paradigma en la política internacional. Altamente significativo ha resultado que Trump no realizara una sola mención a la Unión Europea (UE). Pero no es solo que la ningunee, sino que en numerosas ocasiones ha arremetido contra ella, reduciéndola a verla como una enemiga en el ámbito comercial. No es extraño así que a Trump se le haga la boca agua con el Brexit y anime a que otros países sigan el ejemplo británico. Y no es extraño tampoco que entre sus más fervientes admiradores se encuentren recalcitrantes antieuropeístas como Marine Le Pen, líder del Frente Nacional francés, que no caben en sí de gozo al contar con un aliado en el todopoderoso Despacho Oval.

No menos simbólico, y también inquietante, ha sido que la OTAN brillara por su ausencia en su soflama. E igualmente no solo ha sido de esta forma sino que alarma que Trump muchas veces haya puesto en entredicho el compromiso de Estados Unidos con la Alianza Atlántica. Y más alarmante es todavía si ponemos la postura de Trump frente a la UE y la OTAN en conexión con su entrañable relación con Putin y sus ansias expansionistas como bien ha demostrado en Ucrania.

Tampoco es tranquilizador que Trump haya atizado la tensión con China, que planee cambiar la sede de la embajada norteamericana a Jerusalén, ni que humille a sus vecinos del sur y se empeñe en propuestas disparatadas como que el muro con México que dice va a construir lo paguen los propios mexicanos. Veremos hasta qué punto puede llevar Trump a la práctica su populismo en un país en el que, por fortuna, las instituciones hacen de contrapeso. Trump es una prueba de fuego para Estados Unidos. Y para el mundo entero.
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