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DESDE ULTRAMAR

Trump: el muro difuso

Marcos Marín Amezcua
jueves 26 de enero de 2017, 21:31h
Actualizado el: 26/01/2017 23:43h

Pronto ha iniciado Trump a cumplir sus promesas de campaña firmando órdenes ejecutivas. Y prontito ya metió las cuatro. Se ha tropezado ya en el clásico gazapo de inicios de un gobierno. Increíble, pero cierto. Posiblemente tragó más de lo que podía masticar creando un incidente diplomático que no era necesario. Y tenía que pasarle con México, país que al golpearlo aparentemente le redituaba un bajísimo coste político, haciéndolo muy atractivo para sus intenciones. Se ha equivocado.

Mientras planteaba una reunión con el presidente mexicano y aquel enviaba de avanzada a Washington a los secretarios de Exteriores y de Economía, para tratar de salvar una agenda que no pone Peña Nieto y lo tiene muy nervioso; y en tanto el tema migratorio amenaza con contaminarlo todo en la relación bilateral por la intención de Trump de poner un muro fronterizo, justamente Trump ha firmado la orden de levantarlo provocando que Peña Nieto cancelara en definitiva y no sin cierto titubeo, la ansiada reunión. Ha hecho lo correcto el mexicano.

No te plantan un muro en la jeta y de todas formas pones tu cara presentándote en Washington. Era tiempo ya de que el mandatario mexicano se fajara los pantalones. Ha expresado que México ofrece y dará respeto exigiendo lo conducente. En otras palabras: en materia diplomática es correcto que si no hay condiciones adecuadas, se cancelen las reuniones. Es la senda correcta y sorprendentemente, Peña Nieto la sigue.

De haberse producido la reunión, Peña Nieto hubiera llegado en las peores condiciones a Washington. Desgastado políticamente, con un 86% ya de rechazo según la más reciente encuesta y con muy poco margen negociador con otros actores de la clase política. Y con un muro en la jeta plantado por Trump, atenazándolo con renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), al que culpa Trump de empobrecer a Estados Unidos. Porque el sujeto es aborrecible. Abominable, para más señas.

Triste visita a Washington donde hubiera quedado Peña Nieto como un mandatario abyecto de república bananera. De momento, no sucederá. Yo no podría concebir semejante situación. Peor que la de José Napoleón Duarte besando la bandera estadounidense en su visita a la capital estadounidense a mediados de los ochenta. Por fortuna, al final Peña Nieto canceló.

El tropiezo del iniciado Trump no resuelve el problema de fondo: reactivar la economía estadounidense a costa de México, por ejemplo. Tampoco impide que Canadá haya expresado por voz de su gobierno, que renegociarán el TLCAN solo pensando en Canadá. Ya lo expresé antes: si México y Canadá no cierran filas, perderán ambos. Y deja de lado el tema del muro y su financiamiento.

En un acto unilateral e ilegal, Trump ha avisado sin más que impondrá un arancel del 20 % a las importaciones mexicanas para. Financiar el Muro a pagar por México. Eso reventará nuestra economía. Todo tiene pinta de guerra comercial. No es la primera vez que los yanquis violan sus propios tratados. Ni siquiera la extensión de un viejo proyecto que está construido a medias o si se retomará. De su extensión ni hablemos, porque para acabarla, hay al menos tres medidas de cuánto abarca la frontera entre México y Estados Unidos. La cifra de cada país y una tercera de una comisión binacional. Un lío. Y encima ellos ríos Bravo y Colorado. De forma que no tiene mucho pie ni cabeza. De momento la cosa va en punto muerto. Unos anticipan una guerra comercial. Ya veremos.

Corre el rumor de que Trump pidió que un cuadro del mataindios y anexionista Andrew Jackson cuelgue de los muros del Salón Oval de la Casa Clanca. Qué edificante. No esperaba menos del presidente estadounidense. El sujeto que no acaba de asimilar el cargo, que todavía no acaba de ponerse las botas, ya trastabilla y nos recuerda de que su llegada a la Casa Blanca –que no habitará de tiempo completo, dice, por repartirse su agenda entre Nueva York y Washington D.C.– nos hace arquear las cejas y nos deja patidifusos, nos provoca más que cuando Thomas Jefferson, desparpajado y en bata de dormir, recibía a los embajadores extranjeros provenientes de las cortes de Europa, quienes flipaban con los cabellos erizados y así lo comunicaban a sus monarcas, ante la ordinariez del mandatario yanqui, tan carente de formas y protocolos.

Y no lo olvide amigo lector: la palabra clave de América del Norte es interdependencia. Y un golpe será de ida y vuelta. Hay que esperar más sensatez de todas las partes y no plantar cara a Estados Unidos con mentalidad colonizada. Desde luego, esperemos que se consiga.

Trump cual cavernario en toda regla, un día sí y otro también ya nos adelanta que sus cuatro años serán un suplicio, porque los excesos y desmesuras de George Bush Jr., se van a quedar chiquitos comparado con sus bravatas y agandalles, sus balandronadas y sus abusos revestidos de faramalla. Al tiempo. Y hay quien se pregunta porqué no nos gusta.

Este neoyorquino tan alejado de la supuesta mesura de un Adams o de la cordura de un Cleveland, pinta más para una beligerancia a lo Polk, a lo Monroe, a lo Teodoro Roosevelt –y en el colmo de citar el intervencionismo y el racismo manifiesto como el de Roosevelt– tengo la impresión de que se andará con orejas de burro sin rebuznar solo porque no entrene para ello, deambulando un cuatrienio y vendiendo la imagen de un yanqui de a pie, tan del gusto de su ignorante pueblo llano promedio, que le comprará la idea de un consumidor de hot dogs al pie de acera como el que más. Astuto en la imagen como Reagan, delegando en sus halcones los destinos del país y del mundo. Siquiera Reagan era un actor mediocre. Trump será más naturalito.

Trump apuesta a empobrecer a México y a Estados Unidos. Es una amenaza para ambos. Y pagaremos cara su presencia en la presidencia yanqui. El mundo que aguarde a ver qué trastadas cometerá el personaje. Espero varias.

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