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NOVELA

Ferdinand von Schirach: Tabú

domingo 29 de enero de 2017, 19:21h
Ferdinand von Schirach: Tabú

Traducción de Susana Andrés. Salamandra. Barcelona. 2016. 189 páginas. 16 €. Libro electrónico: 11,99 €.

Por Daniel González Irala

La obra literaria de este muniqués de 1964 nos venía influenciada hasta la fecha por su carrera como abogado penalista donde conoció y fue partícipe en su día de casos de relevancia nacional en muchos momentos por su escabrosidad. A sus dos primeros tomos de cuentos Crímenes y Culpa debemos la reconversión de estos casos al mundo de la ficción no solo literaria, sino también televisiva. Del mismo modo Von Schirach es autor de otra novela de éxito, El caso Collini, que seguía utilizando estos mismos mimbres.

Con Tabú su autor refina y fuerza el lenguaje hasta extremos que trascienden la novela negra tradicional, para situarnos en un territorio lírico e incierto. Es esta una novela tan literaria en ese sentido que, sospechamos, es mucho más difícil de adaptar al medio audiovisual, no solo por lo difícil que resulta descifrar al personaje de Sebastian Eschburg hasta casi el final de la trama (un niño hipersensible que sabe utilizar una especie de sinestesia con los colores que es capaz de ver -lo que en un principio se cree que es una enfermedad-, pero que se muestra fundamental para que desarrolle una brillante carrera como fotógrafo), sino por las rarezas que se nos cuentan de su infancia o, por ejemplo, por la aparición de Biegler, abogado que empieza estando de baja en una especie de hotel donde se recuperaron de sus dolencias escritores como Ferlinguetti.

Articulada en torno a cuatro capítulos que resumen la teoría del color según Helmholtz, ”Verde” comprende desde la descripción de sus antepasados hasta su fatal accidente que le provoca un traumatismo craneoencefálico, suponiendo “Rojo” una ruptura o giro de ciento ochenta grados a la que sigue “Azul” donde, sin necesidad de cambiar de narrador- portentoso su uso-, asistimos no solo a la aparición de Biegler, abogado entre piadoso y marciano, sino al esclarecimiento, que pretende ser práctico y escrito con mayor facilidad, de unos hechos que llevaban tiempo desbordándonos. “Blanco” constituiría el epílogo y coda final, al que sigue una advertencia de lo más oportuna.

Todo ello, como decíamos, sin salirse de una tercera persona que con alternancia limitada se aproxima no solo al protagonista sino a otros seres de la fábula. En cuanto a la prosa que utiliza el autor desde el principio adivinamos que es más complicada de lo habitual. Sin embargo, las descripciones a través de las que descubrimos la riqueza material a la par que indiferencia de los padres entre sí, resultan relevantes en la historia. Es esta parte donde más carne se pone en el asador, pues es en ella donde para bien o para mal el lector necesita empatizar con Sebastian, sobre todo a partir de que salga un día entero en pijama al pantano que rodea su casa para esparcir en silencio las cenizas de su tío recién fallecido.

Por encima de otras lecturas, que hay varias, la novela reflexiona primero sobre la ruptura que en la realidad se da entre belleza y verdad; todo ello para mostrarnos un mundo viciado en el que lo real y lo verdadero no son la misma cosa, para concluir con la síntesis hegeliana por la que la belleza ya ni tan siquiera es realidad.

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