Llevamos muchos años peleando por tener un PP más democrático, más transparente y más cercano para que vengan cuatro pícaros y nos hagan tirar por la borda todo este esfuerzo. Hemos conseguido en el galimatías de las primarias de Maíllo un éxito y no lo podemos desperdiciar.
Hay una gestora en Madrid en manos de una mujer extraordinaria en su aventura política, pero que últimamente no da una. Cifuentes desconfía de sus capacidades o sus posibilidades y se ha metido en un lío incomprensible: ha decidido, saltándose cualquier procedimiento, fijar la fecha del congreso regional que la tiene que investir en el puente de San José, acortar al máximo los plazos para que se presenten otros candidatos, y lo que es peor, iniciar desde el poder una campaña personal que procede de alguien cuya legitimidad es solamente interina, pues Cifuentes preside una gestora que además está muy fuera de su plazo máximo de seis meses.
Aznar nos recordaba hace poco el mandato constitucional de los partidos políticos. Expresan, en el caso del PP, la ocupación de un espacio político que ha sido mayoritario en nuestro país. Esta expresión política se complementa, aunque debe de estar subordinada, con la idea que los partidos son plataformas para desarrollar ambiciones personales. Pero cuando lo personal prima sobre los intereses del partido se produce una sensación muy amarga, una desafección, que es lo que está pasando en Madrid.
Las primarias no son una varita mágica. Hay que cuidarlas, comprenderlas, amarlas y convertirlas en un concepto tan poco hispánico como es la normalidad democrática. Lo raro en Madrid es que la degradación viene de una campeona de las primarias. Espero, o supongo, que todo se debe a las suficiencias que suele provocar el poder o a los sicofantes que la rodean.
Habrá primarias y habrá candidatura alternativa aunque saque un porcentaje ínfimo y será una candidatura cuya causa se fundamentará en una razón poco frecuente en la política española: el romanticismo de ver culminar una larga travesía. No hemos llegado hasta aquí para que nos roben la cartera.
Y como decía el gran WSC, si la vieja España no da el paso adelante, vendrá otro que lo hará. Pero, tengan la seguridad, en Madrid habrá primarias.