Dos empresas alemanas han ganado el concurso internacional convocado por el Ayuntamiento de Verona para cubrir el anfiteatro romano con un toldo que garantizará la celebración de espectáculos a pesar de las condiciones meteorológicas y protegerá el milenario edificio.
Rodeada de colinas, en un remanso del río Adigio y a pocos kilómetros del Lago de Garda, Verona es una de las ciudades más turísticas de Italia. Famosa, desde luego, por la trágica y romántica historia de Romeo y Julieta, pero, sobre todo, punto de encuentro veraniego para los amantes de la ópera que acuden al Festival de la Arena fundado en 1913, a pesar de que con los años su programación haya ido más dirigida a aficionados curiosos, que a grandes entendidos. Quizás, porque ya solo poder sentarse en el colosal anfiteatro construido en el año 30 del siglo I, con capacidad para 30 000 espectadores, es en sí mismo un espectáculo por su impresionante acústica y su buen estado de conservación. Entre junio y septiembre, la Arena acoge entre cuatro y cinco producciones de ópera, siempre títulos muy conocidos del repertorio, como los de este próximo verano de 2017: Nabucco, Aida, Rigoletto y Madama Butterfly. Sólo hay un inconveniente que, unas temporadas más que otras, obliga a cancelar veladas para las que se lleva trabajando mucho tiempo y que deja, además, a los visitantes con la miel en los labios: la climatología. Situada al norte de Italia, la coqueta ciudad no garantiza apacibles noches veraniegas en las que pasar varias horas al aire libre. Como ocurrió precisamente la pasada temporada, en la que el tiempo inclemente y lluvioso obligó a posponer varios espectáculos. Fue cuando el alcalde de la ciudad, Flavio Tosi, ex militante de la Liga Norte, propuso cubrir el anfiteatro, convocando un concurso público internacional. En su opinión, además, porque el principal enemigo del anfiteatro es la lluvia, que «se filtra en la estructura y produce destrozos».
Dicho y hecho. El concurso internacional fue convocado el pasado marzo y en el mismo se llamaba a participar a empresas que ofrecieran soluciones "totalmente reversibles" que aseguraran el desarrollo de las actividades en el interior del anfiteatro a pesar de las condiciones meteorológicas. No tardaron en llegar 87 propuestas procedentes de todo el mundo, a las que ha vencido el proyecto presentado por el estudio de ingeniería alemán Schlaich Bergermanny, especializado en cubrir estadios, y el grupo de arquitectos Gerkan Marg. Su proyecto consiste en una especie de toldo moderno que se extiende y se recoge con facilidad, y que protege al anfiteatro de los daños de la intemperie. El toldo, de cerca de 12.000 metros cuadrados, se recogerá en una especie de anillo que lo ocultará por completo en los momentos en los que no se use y tendrá un coste estimado de 13,5 millones de euros, del que se hará cargo la famosa marca italiana Calzedonia. El fundador del grupo, Sandro Veronesi, ha declarado que ha hecho una apuesta para tutelar el patrimonio artístico italiano: "Amo la Arena y mi ciudad, Verona; por ello apoyo una idea que revoluciona el anfiteatro".

En todo caso, desde que se dio a conocer, la propuesta de Tosi ha caminado acompañada de polémica. "Cubrir el anfiteatro Arena es una tontería anticultural. Es
inaceptable que monumentos de valor mundial estén al servicio del lucro", señaló entonces el diputado del PD Vincenzo D'Arienzo. «Cubrir la Arena, un monumento que nació descubierto,
es como querer quitar el techo del Panteón de Roma. Se transforma en otra cosa», ha comentado por su parte el arquitecto suizo
Mario Botta. En cambio, el famoso arquitecto italiano
Massimiliano Fuksas se muestra partidario: «Cubrirlo haría posible aprovechar el anfiteatro en el invierno». Lo cierto es que todavía son muchos los que no se hacen a la idea de ver cubierto el bello anfiteatro romano que ha resistido la friolera de dos mil años al aire libre. Tendrán que verlo para creerlo, será aproximadamente dentro de tres años cuando quede inaugurado el toldo al que los veroneses ya han bautizado como la sábana.