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TRIBUNA

La crisis de la familia

El presidente de la ONG Mensajeros de la Paz, el Padre Ángel García, defendió hace solo unos días en un desayuno informativo en el Hotel Ritz, al que asistieron un total de 30 personas sin hogar, que resultaba “absurdo” defender en pleno siglo XXI un solo modelo de familia “tradicional”, y por ello pedía que las monoparentales o las que están constituidas a partir de uniones civiles también fueran consideradas dentro del concepto de familia. “Sería absurdo en pleno siglo XXI defender un solo tipo de familia. La familia es la institución mejor valorada por los españoles y dentro de ese valor están los nuevos modelos familiares, a los que ha llegado la hora de llamarlos también familias: uniones civiles, monoparentales, hijos de mamás solteras o viudas”, ha subrayado.

Verdaderamente, todo apunta a que la interpretación evolutiva ha venido ganando fuerza en los últimos años en España a la hora de redefinir el concepto de familia e incluso el de matrimonio. Pensemos sin ir más lejos en la sentencia del TC 198/2012, de 6 de noviembre sobre el matrimonio homosexual. Concretamente, en este fallo la mayoría de los magistrados suscribieron que el reconocimiento del matrimonio homosexual no modificaba la institución del matrimonio, justificando dicha posición desde una interpretación evolutiva que convertía al juez en sociólogo, reafirmando con ello la postura característica del realismo jurídico como concepción del Derecho que destaca por encima de todo la legitimidad socialmente eficaz: “La institución matrimonial se mantiene en términos perfectamente reconocibles para la imagen que, tras una evidente evolución, tenemos en la sociedad española actual del matrimonio, como comunidad de afecto que genera un vínculo o sociedad de ayuda mutua entre dos personas que poseen idéntica posición en el seno de esta institución”.

Lo que está detrás del debate sobre la familia como lo estuvo o lo sigue estando el del matrimonio es la pregunta de si verdaderamente estamos ante instituciones naturales que preexisten incluso al texto de nuestra Constitución española, como en su día apuntase el Magistrado del Tribunal Constitucional González Rivas.

Si se trata de acomodarnos a través de una interpretación evolutiva a las realidades de la vida moderna como medio para asegurar su propia relevancia y legitimidad, entonces es el legislador el que debe adaptarse a los vaivenes de la sociedad y no al revés.

Para que se entienda, dicho de una forma más clara, lo que determinaría el contenido del matrimonio o de la familia sería más bien la opinión que respecto a los mismos albergara la mayoría de la sociedad española en cada momento. La pregunta que entonces nos asalta es la siguiente: ¿Se pueden cambiar instituciones por el mero hecho de que la moral dominante considere que ello es lo correcto? La respuesta es obvio que es sí, pero queda aún por contestar si ello es legítimo o no.

Creo que Aragón Reyes responde a esta cuestión de forma lúcida y preclara cuando resalta que “el núcleo, la imagen maestra, de una garantía institucional no puede someterse a los avatares de la cultura jurídica a lo largo del tiempo. Precisamente para evitar que el legislador ordinario, atendiendo al supuesto clamor de la calle, las estadísticas y los estudios de opinión, pueda vulnerar la Constitución, se crearon los Tribunales Constitucionales. De otro lado resulta muy peligroso sentar el principio de que las normas pueden no decir lo que dicen, sino lo que se quiere que digan”.

En este contexto, cabría pensar que los que estiran el concepto de matrimonio y de familia hasta límites insospechados, y no me refiero al Padre Ángel quien creo que acierta en su apreciación personal sobre la familia, puede encontrarse con que termina desnaturalizando y destruyendo la esencia para la que fueron creadas ambas instituciones.

No es un criterio cuantitativo mayoritario el que determina el mínimo ético a garantizar en sociedad por los tribunales, entre otros, los Tribunales Constitucionales, sino cualitativas exigencias jurídicas objetivas las que deben imponerse, incluso a pesar de lo que la mayoría opine. Sirva de ejemplo lo que ocurrió en la Alemania nazi.

Si cabe afirmar que el matrimonio y la familia se están desnaturalizando en nuestros días ello creo que en buena parte se debe al proceso de desjuridización que atraviesan ambas instituciones, y cuya causa puede estar, como dice el Magistrado del Tribunal Constitucional Andrés Ollero, en “una peculiar falacia naturalista que habría llevado a confundir el mínimo ético, característico de lo jurídico, con su conversión en instrumento al servicio de una ética mínima, dictada por el consenso fácticamente en vigor en una sociedad o ámbito cultural”.

En realidad, el matrimonio y la familia han dejado de presentarse, en palabras suyas, con “un núcleo jurídico-natural de obligado respeto” para pasar a ser concebidos en la actualidad como instituciones más morales que jurídicas, desde el momento que cada individuo puede colmar las exigencias de ambas a la carta, es decir, vinculándose al contenido de estas instituciones aparentemente tan sólidas como a cada cual le parezca más razonable o conveniente. De ahí que se termine cayendo en una progresiva privatización de contenidos, disociándose de la vinculación social propia de la familia o del matrimonio. El matrimonio y la familia terminan así quedando en el mundo de los sentimientos y de las más loables exigencias morales. Por todo lo anterior, ya no cabría sólo hablar de crisis del matrimonio natural sino de la propia institución familiar y lo que es peor del Derecho, incapaz de afrontar su encuadre de una forma coherente con la moral y la religión.

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    Últimos comentarios de los lectores (2)

    4795 | Pontevedresa - 09/02/2017 @ 01:15:56 (GMT+1)
    Familia son todos los grupos de menciona el padre Angel, cosa diferente es matrimonio que es la unión de mujer y hombre, junto con sus hijos, es el lugar donde se adquieren los primeros conocimientos, donde se desarrollan los sentimientos, la empatía con los demás, el amor y la socialización. Familia puede ser una abuela con dos nietos, una pareja homosexual, o tres personas que viven juntas sin ningún lazo, pero matrimonio por mucho que lo diga una ley es solamente la unión hombre-mujer. Se que no es políticamente correcto lo que digo, pero es lo que pienso.
    4794 | Pontevedresa - 09/02/2017 @ 01:04:45 (GMT+1)
    Interesante tema el de la familia, es el núcleo primordial de la sociedad, donde se nace, se reciben los primeros valores y enseñanza, se socializa, y se va convirtiendo en persona todo ser humano, de ahí la enorme importancia de esta. Naturalmente que son familia las parejas casadas por lo civil, las de viudas, las monoparentales y las de homosexuales, pero estos últimos son una unión pero no un matrimonio, no es lo mismo familia que matrimonio. Familia es una unión de enorme diversidad, una abuela con sus nietos, por ejemplo, pero no son matrimonio, como considero que no lo son las parejas de lesbianas o de homosexuales, con todo el respeto hacia ellos, pero dos cosas diferentes no pueden denominarse de la misma manera, es pervertir los conceptos. Se que no es lo políticamente correcto, pero es mi opinión.

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