La leyenda del Real Madrid ha explicado su mala temporada pasada y salida de la selección.

Los guantes de Iker Casillas han recobrado este curso su agilidad pretérita para trasladar al Oporto al liderato provisional este viernes (tras su arrolladora victoria por 4-0 ante el Tondela). De hecho, el guardameta madrileño ha sostenido a los Dragones en más de una ocasión y su actuación estelar ante el Sporting de Portugal del pasado cuatro de febrero ya se ha inscrito en el libro de oro del balompié luso. La afición del gigante blanquiazul, que ha vivido un intervalo de transición tras su último periodo triunfal (aquel que concluyó con las ventas de Falcao, Hulk y compañía) y ha cedido el monopolio al Benfica, ha recuperado su fe y el mejor arquero de la historia española sostiene a los fieles bajo su arco.
Pero este es el segundo año de la era post-Real Madrid. Tras aquella dolorosa rueda de prensa en la que, entre lágrimas y en soledad decidida, se despidió del paisanaje de Chamartín, Casillas ha perdido su titularidad, incluso su escaño en la convocatoria, de la selección nacional y su aventura en el Porto no gozó de un estreno satisfactorio. Iker combinaba chispazos reminiscentes de su talento con pifias familiares (en jugadas aéreas) y síntomas de pérdida de seguridad y finura en algunas de las suertes que le encumbraron: los reflejos y la potencia de reacción a través de su salto.
El portero, consciente de todo ello, ha puesto el freno este viernes a la retórica que seguía alimentando la presunta injusticia y confabulación que le jugaba en contra. No hace mucho que explicó a De La Morena que no volvería a la selección, dirigida por Lopetegui, para ser suplente. El daño a su imagen que dejó aquel "commeci commeça" con el que Del Bosque denunció el comportamiento del capitán español para con el cuerpo técnico tras conocer su situación de segundo plato en la última Eurocopa todavía está fresco. Pero en una entrevista concedida a la UEFA, la faceta más madura y reflexiva del emblema madridista ha tomado la palabra (como debió hacer en su batalla con Mourinho y Ancelotti, en lugar de dejar a sus voceros enturbiar su icónica esencia en el Bernabéu) para realizar una deliciosa introspección.

"Creo que todo jugador, toda persona, tiene que pasar un periodo de aclimatación a la ciudad, al entorno, a una nueva forma de vida. Y cuando llevas tanto tiempo en un mismo sitio, pues se te hacer raro cambiar. El año pasado quizá no estuve al nivel que quería estar" avanzó Casillas, que prosiguió ahondando en su sinceridad para declamar que "una vez pasado un tiempo, y ya más asentado, te encuentras mejor. Y eso ha sido clave". "También he dejado de ir convocado con la selección española y eso me ha dado más tiempo para pensar en mi club, el Oporto. Si uno está bien, vuelve a sonreír y se encuentra a gusto vuelven a salir bien las cosas en el terreno de juego", confesó.
Así desentrañó el protagonista del texto, con escueta pero firme autocrítica, su vaivén en el rendimiento que, parece, ha dejado atrás. Ahora se centra en una nueva participación en los octavos de final de la Liga de Campeones. En su duelo 163 se medirá a la Juventus, y para esa cita ha resaltado una clave: "Cuando has jugado partidos importantes en una competición tan prestigiosa como la Champions, tirar de veteranía también se agradece y eso puede hacer que el resto de jugadores se sientan con algo más de confianza". "Pero es una eliminatoria muy difícil para nuestros intereses ante un rival que es favorito. Aun así, en el fútbol a veces pasa que la ilusión, las ganas, el esfuerzo y el coraje son más importantes que la calidad individual de los jugadores. Y vamos a ir con esa idea", sintetizó un futbolista de la vieja escuela que pasada una eternidad bajo los focos más cegadores se siente "aliviado" al no ser favorito.
"Si te conseguían doblegar te creaba mucho más trauma", argumentaba sobre su experiencia en la capital española. "Pero yo creo que hay que ser realista. Nosotros somos un buen equipo que va creciendo poco a poco y nos enfrentamos a un rival que lleva muchos años ahí, en semifinales, en una final. Son un equipo a la altura de los más grandes: Real Madrid, Barcelona o Bayern Múnich. Por eso, nosotros tenemos que disfrutar de un partido como este, de una eliminatoria como esta y de los grandes jugadores que vamos a tener enfrente", arguyó.
Por último, el relato publicado en la web del organismo gerente del fútbol del Viejo Continente trajo la recurrente relación con su amigo Gianluigi Buffon, con el que pugna y pugnará eternamente por la cima de la portería en la retina de los tiempos. "Tengo la suerte de ser tres años más joven que Gigi, así que tuve la suerte de empezar a disfrutar de él desde que empezó con 17, 18 años. Con 14 años empecé a disfrutar con su manera de jugar, con su forma de ser. De su fútbol. Luego hemos ido creciendo juntos, con una carrera muy similar, hemos sido campeones de casi todo y nos hemos enfrentado varias veces", resumió antes de zanjar el socorrido asunto explicando el tipo de rivalidad que mantiene con un guardameta que parece haber envejecido mejor que él: "Hablamos de un portero que en el fútbol italiano es difícil que pueda haber uno igual y que creo que a nivel europeo y mundial está considerado como uno de los dos o tres mejores de todos los tiempos. Tenemos una rivalidad sana, bonita y cada vez que nos vemos nos saludamos, nos tenemos mucho cariño y para mí siempre es un placer enfrentarme a él".