Se pensaba que solo los régimenes dictatoriales -la Venezuela de Maduro es un claro ejemplo en nuestros días- desarrollan un sistemático acoso a los medios de comunicación independientes y críticos. A los medios que no les bailan el agua y no quieren convertirse en botafumeiro, sean cuales sean las actuaciones de los dirigentes. Pero se está comprobando que no es así. Y, para más inri, este acoso sucede en el país más poderoso con una democracia modélica que da la impresión que el actual ocupante del Despacho Oval quiere poco menos que cargarse.
Resulta inaceptable que en una de las últimas ruedas de prensa, la Casa Blanca haya orquestado excusas que nadie se cree, y que únicamente esconden un veto a medios de comunicación que considera no le son afines. La Casa Blanca prohibió que medios de enorme prestigioso como, entre otros, The New York Times, la BBC, Los Ángeles Times y la cadena CNN asistieran a un encuentro con el portavoz de La Casa Blanca Sean Spicer. Y no contento con esto, Donald Trump acusó directamente a los medios de comunicación de ser “los enemigos del pueblo americano”.
No es la primera vez que el presidente norteamericano arremete contra ellos, con declaraciones ofensivas e incluso insultos a periodistas, pero hasta ahora no había llegado tan lejos de impedir la asistencia de determinados medios a ruedas de prensa. Lo que supone un
crescendo más que inquietante, y que, conociendo a Trump, no parará ahí. A los muchos dislates que lleva ya acumulados Trump en su escaso tiempo en la presidencia, se suma uno más. Esperemos que el mundo del periodismo y la ciudadanía reaccione con firmeza y no permite semejante atropello. El populismo de Trump se interna por cada vez más preocupantes derivas.