Su Señoría Doña Inés Montero, nueva portavoz parlamentaria de Podemos, se ha marcado un ambigú académico de los que rompen la gramática parda. Esta señora o señorita, entregada al ocio del pueblo a cambio de cobrar 7.000 euros mensuales de nuestro bolsillo, o sea, una empleada de las que tenemos en nómina en la empresa España, S.A. cuyos accionistas somos ustedes y yo, o si lo prefieren, los contribuyentes de paga y calla, es decir, otra vez ustedes y yo, por si acaso alguien se acaba de incorporar a la lectura, pues esta diputada, como les digo, hace unos días le afeó a Toni Cantó que éste dijera “guardería” en lugar de “escuela infantil”
De toda la vida los niños y niñas de 0 a 3 años lo único que necesitan no es otra que la de ser cuidados y protegidos con amor. No cabe otra. Las guarderías son centros de guarda y custodia especializados en desempeñar las labores de cuantas madres y padres han de ser sustituidos por imperativos del predio dominante. En las guarderías, niños y niñas, gozan de sus primeros trueques, aprenden a cambiarse los mocos por chupetes y también a relacionarse con sus congéneres con altura de miras, es decir, se hacen popó y pipí sin distinción de ideologías, sexo, color de piel, religión o condición sexual. Dicho de otra manera, son felices porque se sienten protegidos.
Ahora viene la escuela infantil, o sea, el Congreso de los Diputados. Lugar de infidelidades permanentes en donde los escolares campean a sus anchas. Señorías que no representan cultura ni oficio y que no se dedican a aprender ni tampoco a impartir enseñanza. Se rebelan en las aulas con letanías, citas, denuestos, mentiras y afán de batir plusmarcas de sandeces. Los hay a trote de escaños carentes de un bachiller elemental, lo que viene a confirmar que para éstos el manejo del diccionario es una costumbre pasada de moda y lo conveniente es hacerle chantaje a la verborrea para llamar a las cosas según el sesgo ideológico del asambleísta parlante.
Uno que ha sacado brillo a la enciclopedia de Dalmau Carles, aquella que servía de cultura general en un solo volumen, allá cuando el aprendizaje de la gramática se mezclaba con la geometría, la aritmética, la historia de España e incluso una geografía en donde los ríos españoles tenían afluentes por la derecha y también por la izquierda y todo ello, como digo, en apenas 400 páginas, pues eso, que quien guarda halla y tan solo en un libro en cartoné y lomo de tela ya te convertía en un cultivado elemental. Por eso digo que en esta “escuela infantil” de la Carrera de San Jerónimo abunda mucha simplicidad intelectual.
Y no por hurgar en la herida, pero es que al precio de mercado lo que nos cuesta la susodicha escuela infantil es una pasta y lo peor de todo es que ni se progresa adecuadamente ni se aprenden modales de urbanidad. El hemiciclo se ha convertido en uno de esos platós de vocingleros del colorín en donde cortan en finas lonchas a cualquiera de los invitados. Y uno se preocupa de las malas notas que sus Señorías nos traen a casa y claro, uno se enerva porque para ser Bombero, persona que se arriesga por salvar la vida ajena, se exige tener el Bachillerato Superior y hacer una oposición, lo mismo que para ser Policía, que como ustedes saben, es alguien al servicio de la seguridad y el orden. Para trabajar como Maestro, por su docente función ante la vida, ya les digo que además del título universitario de cuatro años, también precisa de la consabida oposición. Y que me dicen para ser Médico, una escalada de estudios, notas medias, oposiciones y especialidades, o sea, un total de once años en el mejor de los casos.
Y claro, uno se enreda en ideales y comprueba con envidia como los hijos de los demás se han esforzado mientras los hijos electos de la patria van a la mejor escuela del país, además con todos los gastos pagados. Ni por esas, ellos se dedican a jugar con las promesas durante cuatro años con aspiraciones de repetir curso porque dominan las frases más cursis del momento o saben citar a ideólogos de esta o aquella condición, según el color de la doctrina y paren de contar. No lo entiendo, de verdad que no soy capaz, porque a la clase política de este país les damos todos los caprichos y no se ven los resultados. Para mí que están muy mal enseñados. Lástima de guardería a tiempo.