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DESDE ULTRAMAR

Ríos, Serrat, Ana Belén y Víctor Manuel

jueves 02 de marzo de 2017, 20:24h

Desde ultramar, como intitulo mi columna, esta que usted lee por todo el planeta y mucho se lo agradezco, déjeme platicarle lo que vi recientemente. Ya sabe que los mexicanos platicamos las cosas.

Fue una noche sabatina apoteósica y llenó mis expectativas. Tras de 20 años, nuevamente juntos se presentaron en México Ana Belén, Víctor Manuel, Miguel Ríos y Juan Manuel Serrat. Una pléyade de cantantes españoles que con su fructífera y prolongada trayectoria, siguen llenando los escenarios allende los mares. Pertenecen a ese círculo amplio que ya no existe más en los foros mexicanos, donde a diferencia de la época dorada de los cuatro citados, ahora muy de vez en cuando triunfa algún artista español. Ellos en cambio, pertenecen a una época en que venían muchos más a la vez y permanecían en el gusto del público, tal y como les ha sucedido a ellos. Y es que había una fidelidad correspondida. O será que las reglas de la industria musical han cambiado.

Que brincar el Charco nunca ha sido poco, en ambas direcciones, aunque yo nunca he comprendido en qué consiste exactamente que unos artistas sí y otros no, lo consigan. Hay ejecutantes españoles muy buenos que nunca traspasaron su país, pese a ser muy conocidos en él. Como que no todo lo que salió fue de primerísima, también. Como pasa en todas partes.

“El gusto es nuestro” fue como han titulado su gira mundial, el mismo título empleado dos décadas atrás, y que solo pudo generarme por respuesta un afable “y mío también”, porque no obstante su tono algo desparpajado, fresco y retador, la expresión era particularmente idónea, porque en eso convirtieron la gala.

Yo no sé si en España sigan abarrotando los sitios y con gente joven, como sí sucedió en México, y esta reciente temporada breve en el Auditorio Nacional en Ciudad de México ha sido en términos generales, formidable. Desde hacia meses que anunciaron su presencia y la verdad es que me sorprendió que hubieran transcurrido ya dos décadas desde la ocasión anterior. No pensaba dejarme pasar otras dos para verlos y me apunté adquiriendo mi boleto con mucha antelación, guardándolo tan bien y de una forma tan celosa que casi lo extravío, al olvidarme de en dónde lo había depositado a buen recaudo. Afortunadamente, apareció.

Déjeme confesarle que de los cuatros intérpretes, de quien menos conozco su trayectoria y por ende, a quien menos sigo es a Víctor Manuel. Pero en todo caso, el ritmo con el que presentaron el espectáculo o la dinámica de cada número, en solitario, a dúo o en cuarteto, convirtieron la ocasión en un derroche musical en que se oyeron los acordes de las piezas más conocidas de cada cual; evocaciones a sus éxitos más sonados, salpicados de canciones para mí no siempre tan conocidas en contados casos. Empero, parece que son incombustibles, desde el Bienvenidos de Ríos hasta los Cantares de Serrat, cerrando con La puerta de Alcalá, que fue particularmente ovacionada al presentarla a manera de un portentoso Gran Finale. A esa puerta dedicaré otra columna en unos meses en torno al 30 aniversario de aquel éxito musical en ambas orillas del Atlántico. Y así la respuesta del público –vibrante, grandiosa– ha sido apoteósica. Desde el inicio brindó el aplauso caluroso y la ovación intercalada con clamores de simpatía y apoyo abierto, sostenidos durante toda la función. De las 4 figuras que nos convocaron solo había visto yo a Serrat hacía unos catorce años presentándose en el palacio de Bellas Artes. Y desde luego que ver a Miguel Ríos o al resto era una oportunidad inconmensurable y merecía y mereció cada minuto de tan extraordinaria oportunidad.

Porque las 4 voces –en estupendas condiciones– son harto conocidas en México y por casi 50 años han liderado en la radio y han vendido lo que han querido. Hay un público fiel de siempre y no es necesario ser descendiente de republicanos o ser un español residente en México, o de izquierdas o contestatario, para estar y seguir a cada uno de los cantantes citados.

Su universalidad está bien acreditada. 4 voces clásicas que defienden su nicho, que garantizan calidad y sobre todo, a ese regusto musical que perdura y nos remueve entrañas todavía. Despiertan en nosotros distintas emociones y una colectividad mayúscula no puede estar equivocada a juzgar por la reacción multitudinaria brindada a cada uno de los intérpretes citados. Que sí, ovacionados de pie en incontables ocasiones, se entregaron y el público de México a ellos. Como si fuera el primer día de sus carreras.

Paseándose con sobrada soltura por el proscenio, el conjunto multiaplaudido ha dado un verdadero recital que entusiasmó a los asistentes. Hay presencia. La ocasión sirvió a los artistas para reivindicar desde luego, el recuerdo a los caídos en la Guerra Civil, el reclamo a la memoria, la insinuación certera a los desparecidos en México, la necesidad de replantearnos el vivir y el disfrute de la vida, entiéndase que haciéndolo a través de la música. En esa tesitura, de sus canciones las que me supe las seguí y las que no, las disfruté escuchándolas, pero ninguna me resultó indiferente.

Por mí que no se esperen otros 20 años para reunirse para regresar juntos a México. Resulta algo tan grato verlos, que celebro haberlo hecho, porque ya lo expresé: el gusto fue mío…quedándome tarareando un “todo pasa y todo queda…” y coreando gustoso recordando junto a miles mis años mozos con aquella arenga que reza: ¡la Puerta de Alcalá! cual si no hubieran transcurrido treinta años.

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