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TRIBUNA

Machismo y asesinato

lunes 06 de marzo de 2017, 20:08h

Creer que sólo con ponerle un nombre pretendidamente específico a las cosas estas se solucionan como por arte de magia es un craso error. Tal ocurre con las expresiones “violencia de género”, “violencia machista” y otras parecidas. Las cosas son mucho más complejas de lo que a primera vista parece y a la vez quizá más simples, con distinta perspectiva. Las razones por las que un hombre maltrata a una mujer son muy variadas y no es seguro que lo haga por pertenecer al género masculino, como para permitirse el lujo de hablar de violencia de género, como si el género en su conjunto pudiera delinquir.

¿Han servido para algo tales denominaciones ad hoc cuando el comienzo de este año se ha saldado con una carnicería mayor que la de ningún otro? Y es que creo que no se gana gran cosa por el hecho de caracterizar de machista la conducta de un asesino, porque el perfil de un asesino como tal es el mismo mate a quien mate. Fundamentalmente se trata de un asesino y no de un mero maltratador, porque bajo esa rúbrica se ocultan actitudes muy distintas que sólo en ocasiones dan el terrible salto al asesinato, sin que ese salto tenga a veces mucho que ver con un maltrato real, que a veces se reduce a una mera discusión de pareja de la que se culpa al hombre como autor de maltrato psicológico.

Ahora que parece que las autoridades se han decidido a investigar el perfil psicológico del asesino de mujeres puede que haya un rasgo muy frecuente en ese perfil, confesado por muchos: los celos patológicos. Pero ese no parece ser el rasgo propio del prototipo de machista, una especie de don Juan despreciador y depredador de mujeres. Por lo que no es muy pertinente creer que lo que se llama machismo ordinariamente sea la base para comprender el fenómeno del asesinato de la pareja femenina. Si estudiamos la historia reciente de esta calamidad humana, y aunque no dispongo de datos creo que es así por la existencia de muchos más presos en las cárceles, advertiremos que en la dictadura franquista y antes también, imperando el machismo como dominio del hombre sobre la mujer bastante más que ahora, resulta que había un número mucho menor de asesinatos.

Esto indica que la relación entre lo que se llama machismo como intento de asignación a la mujer de un estatus social inferior al del hombre y el asesinato de que hablamos no está nada clara. Quizá se dirá que la razón de lo dicho es porque entonces las mujeres aguantaban todo y ahora no. Pero esa no es una explicación suficiente. No caigamos en la tentación de hacer de lo políticamente correcto la base de esclarecimiento de un fenómeno tan cruel, lo que, por desgracia, no serviría para nada.

Encontrar psicópatas entre los asesinos de sus parejas, quizá no en un sentido architécnico como el empleado por Adolf Tobeña en su Neurología de la maldad, al decir que sólo una cuarta parte de un cinco por ciento de la población es psicópata, podría ser un avance que no se logra con la simpleza de “machista”. Ya sabemos que un psicópata es un individuo frío, insensible, carente de escrúpulos, de empatía y de compasión por los demás, impulsivo, irresponsable, narcisista, manipulador, y con buena imagen social, pese a ser asocial. Además, no se puede negar que la agresividad superior en el hombre, además del aprovechamiento de su fuerza tenga algo que ver en el fenómeno que comentamos.

Por otra parte, los cambios en la legislación penal no parece que hayan dado o puedan dar en un futuro resultados apreciables. Sin duda una educación adecuada puede ser algo muy positivo para eliminar un porcentaje de las conductas agresivas. Pero por ahora ¿cabe otra cosa que la vigilancia estrecha de los potenciales asesinos, a quienes han denunciado sus parejas o exparejas con motivo? Quizá ello requiera más recursos y algún cambio legislativo menos garantista para el potencial delincuente.

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