El recinto deportivo más famoso del siglo XX ha caído en desgracia.
"El fútbol es el deporte más lindo y sano que existe en el mundo. Eso no le quepa la menor duda a nadie. Porque se equivoque uno no tiene que pagar el fútbol. Yo me equivoqué y pagué. La pelota no se mancha", decía Diego Armando Maradona, compungido, en el homenaje que Boca Juniors le dedicó en La Bombonera. Pues bien, ese memorable "la pelota no se mancha" que El Pelusa verbalizó como una llamada a la condescendencia del aficionado hacia su turbio devenir extradeportivo vendría a ser el lema de los defensores de Maracaná. Porque la mística del estadio más famoso del panorama internacional, cuando lo genuino de los mundiales eran lo más importante del balompié, está siendo enfangada por la sombra de la corrupción política que azota a Brasil.
En concreto, este lunes se ha denunciado que las reformas que hubieron de acometerse al emblemático coliseo de Rio de Janeiro con motivo del Mundial de fútbol de 2014 y los JJ.OO. de 2016 acogieron un sobrecoste de 211 millones de reales (en torno a 62 millones de euros). Las pesquisas, efectuadas por el Tribunal de Cuentas regional y publicadas por la cadena televisiva Globo, se nutren de un puñado de documentos que relacionan la remodelación del templo del balompié internacional con el desvío de fondos que nada tuvieron que ver con la reconstrucción del marco que vio a Pelé explotar y a la nación llorar en 1950 (el pasado 1-7 que le endosó Alemania a la Canarinha aconteció en Mineirao, Belo Horizonte).
Y es que el conglomerado de constructores que ganó el concurso para hacerse cargo de la remodelación estaba conformado por Odebrecht, Delta y Andrade Gutiérrez, todas ellas partícipes, presuntamente, de la imperial red corruptora que emana del caso Petrobras. Si bien la reforma de Maracaná se presupuestó en 705 millones de reales (209 millones de euros), la factura final registró un salto hacia los 1.200 millones de reales (357 millones de euros). Esta brecha y lo tenebroso del marco que ha hecho caer a buena parte de la cúpula política carioca en los últimos meses, han llevado al Tribunal de Cuentas de Río a suspender los contratos con las constructoras mencionadas. Y la Fiscalía les exige la devolución de 200 millones de reales (59 millones de euros).
Las irregularidades detectadas, definidas por los investigadores como determinantes en las "significativas modificaciones entre el proyecto básico y el ejecutivo", evidencian una amplia y variada red de corruptelas. Desde los costes alterados de la argamasa (se pagó a un precio que triplica su valor de mercado) hasta la distancia entre lo escrito y lo real (el dinero público fue gastado, según la versión oficial, en la contratación de 18 equipos de limpieza al mes, compuestos por una excavadora, un camión y 16 personas, pero la realidad mostró que el dispositivo se limitó, en la práctica, a tres empleados y montones de basura arroncinados en varios puntos del recinto).
Andrade Gutiérrez, exdirectivo que tiró del hilo en su declaración relativa al caso Petrobras, impulsó la investigación estatal al confesar que el Gobierno de la ciudad favoreció al consorcio que devendría en el cartel de constructoras que se harían cargo de la reconstrucción del estadio. Incluso manifestó sobornos explícitos por parte de las empresas privadas hacia los poderes públicos corrompidos.
El caso es que, en plena discusión entre las autoridades, el conglomerado mencionado y las fricciones entre el consorcio que administra el estadio y el Comité Rio2016, Maracaná ha estado abandonado a su suerte desde 2016. Toda vez que la parafernalia olímpica quedara caducada, el coliseo clausuró sus puertas como si de una infraestructura volátil se tratara. Tan sólo una iniciativa del Flamengo, pomposo club de la ciudad, ha podido sacar el candado de las puertas del templo. Eso sí, con dinero propio del equipo rojinegro. Los directivos del Fla sacaron hace días del ostracismo al estado pagando de su bolsillo (en torno a 600.000 euros) el arreglo de los desperfectos consiguientes a casi cuatro meses de abandono absoluto.
El robo de dos estatuas de cobre, televisiones, extintores y mangueras, patrocinado por la escueta vigilancia del perímetro, dio la señal de alarma en el cambio de año. La publicación de tomas aéreas en las que se observaba el estado deplorable del césped y de las instalaciones coincidiría con el corte de luz ejecutado por la Justicia en base al impago de facturas por valor de casi 1 millón de euros. El Cuerpo de Bomberos de la ciudad se encargó de constatar que la erosión sufrida por la desatención no afectó a la estructura del estadio y, así, Flamengo pudo enfrentarse a San Lorenzo (4-0, goleó el club brasileño a los argentinos) para devolver el magnetismo futbolístico a un Maracaná de pasado inmediato y futuro sombríos.