Desgobierno en Marruecos
viernes 27 de junio de 2008, 01:41h
De todos es sabido que en los países musulmanes el concepto de democracia suele diferir bastante de lo que es un régimen de libertades, al menos en esencia. Se ha llegado a acuñar el término de “democracia islámica” para designar la forma de gobierno de aquellos países que dan una pátina -por lo general, nunca pasa de ahí- de tolerancia y cierta libertad. Tal es el caso de Marruecos, una monarquía parlamentaria en cuyo funcionamiento prima lo monárquico sobre lo parlamentario. Libertad de prensa, asociación, y expresión no gozan de muy buena salud en Rabat, que se diga. Pero al menos, no son talibanes. Ese y no otro es el razonamiento que impulsa a Occidente a mimar a Marruecos. Es verdad que también influye su privilegiada situación geoestratégica, pero motivaciones político-religiosas pesan sobremanera a la hora de valorar la importancia del reino alauí.
Ocurre que el Gobierno ha dejado de funcionar. Su principal motor, el rey Mohamed VI, manifiesta desde hace algún tiempo una alarmante dejación de funciones. Hasta las autoridades francesas han intentado -sin éxito- reconvenirle para que deje de lado su disoluto retiro parisino, y atienda como debe las cuestiones de gobierno. Entre tanto, el país es un bocado suculento para fundamentalistas islámicos, y ya se están detectando fugas de capital al extranjero. Buena prueba del desgobierno que vive Marruecos es que su Consejo de Ministros lleva meses sin reunirse.