“La vida es una especie de juego de azar, donde todo el mundo piensa que el de al lado sabe qué está pasando.” Francisco de Quevedo
La primera regla del juego es que no se puede hablar del juego. La segunda regla es que este juego es algo muy serio; no es ningún entretenimiento y ni siquiera es divertido. La regla número tres dice que una vez dentro, no se puede salir ni renunciar libremente. La cuarta regla estipula que la duración del juego será indeterminada y en la mayoría de los casos, infinita, ya que no se conoce jugador alguno que haya logrado terminar la partida. La regla número cinco nos advierte de que solo está permitido avanzar y nunca se debe retroceder, bajo ningún concepto, al menos de forma voluntaria. La sexta matiza el concepto de ‘avanzar’ que, en este particular juego, es sinónimo de ‘más’, de ‘mucho’, de ‘mejor’ y de ‘lejos’. ‘Menos’, ‘poco’, ‘peor’ y ‘cerca’ significan ‘retroceso’ y, según la norma número cinco, está terminantemente prohibido. La siete nos advierte de que cuanto más lejos se llega en el juego, más llano resulta el camino y al revés, cuanto peor les vaya, más difícil será prosperar. Ocho: si les resulta demasiado fácil o entretenido progresar, probablemente estén haciendo algo mal, ya que, como dice la norma número dos, este juego no puede resultar divertido. Nueve: es muy importante guardar las apariencias y esconder los deseos ocultos, no hacerlo merma las posibilidades de desarrollar una estrategia eficaz. La diez hace referencia al destierro social: los jugadores deben ignorar a quien, por casualidad o por sus propios medios, haya conseguido salir del juego (o terminarlo, en el hipotético caso). Regla número once: ningún participante debe reconocer conscientemente que, en realidad, está jugando. Hacerlo lo eliminaría de inmediato. Regla número doce: la categoría del jugador vendrá determinada, sobre todo, por los logros materiales acumulados a lo largo de la partida y, en un segundo plano, por el número de jugadores que advierten la existencia del mismo. Trece: los participantes se relacionarán, principalmente, con categorías similares y siempre deberán aspirar a tratar con rangos superiores. Cualquier contacto con jerarquías inferiores servirá única y exclusivamente para coger impulso y avanzar en el escalafón social y nunca para retroceder, ya que estaría penalizado. Catorce: hay ofertas que un jugador no puede rechazar y otras que no debe aceptar (ver regla número seis). La regla número quince dice que ocultar deliberadamente cualquier avance o logro significativo es motivo de expulsión. La sospecha de tal comportamiento hará que el resto de jugadores aplique la regla número diez (destierro social). Regla número dieciséis: todos los participantes desconocen la recompensa final. Diecisiete: cuanto más en serio se toma el juego, más ganas se tiene de jugar, y no al revés. Dieciocho: si algún jugador siente demasiada paz o tiene una sensación de alegría y tranquilidad habituales, no puede estar jugando a este juego. Diecinueve: es imposible rebobinar o adelantar acontecimientos como tampoco lo es pararse a reposar o pausar el ritmo de la partida. Frenar a propósito puede tener consecuencias negativas, en cuanto al escalafón social del jugador se refiere. Regla número veinte: los jugadores están obligados a defender y a trasmitir estas mismas normas a coetáneos y sucesores. Regla número 21: una vez leídas y entendidas las reglas del juego, el jugador debe eliminarlas de su vista y, por supuesto, de su memoria.
“No malgastes tu tiempo, pues de esa materia está formada la vida.” Benjamin Franklin