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TRIBUNA

Pobres de espíritu

viernes 31 de marzo de 2017, 20:20h
“La verdadera grandeza consiste en hacer que todos se sientan grandes”. Charles Dickens.

Si usted es de los que piensan que “todos tenemos un precio” o que “el que no roba, es porque no puede”, permítame que le diga una vez más que se equivoca.

Se equivoca no solo porque no es cierto que todos nos dobleguemos por algo tan ordinario como el dinero sino que cada vez que lo hace, usted pierde. No me cabe la menor duda. El otro día, mientras echaba un vistazo a un periódico digital vi la foto de un famoso ex-político que apenas pude reconocer. Por lo visto, el hombre lleva años luchando contra una grave enfermedad y, en el proceso, su cara se ha deformado tanto que me recuerda a Mr. Scrooge, el protagonista de la famosa novela de Charles Dickens, “Cuento de Navidad”. No es la primera persona que conozco cuya desmesurada codicia ha conseguido desfigurarle. Por dentro, primero, y por fuera, después.

Este antiguo y familiar vicio humano, la usura, es tan viejo como otro hábito que está un poco pasado de moda, pero que es mucho más provechoso: la colaboración. El espíritu colaborativo estuvo muy en boga en otras épocas. Todavía recuerdo aquel eslogan de los años ochenta que decía:
solo no puedes, con amigos, sí, y me extraña que en los tiempos que corren, donde la productividad (material) es elemental (siempre lo ha sido, pero ahora más), no seamos capaces de ser colaborativos, como antaño. Y muchos de ustedes pensaran: “¿cómo qué no?, ¡yo soy muy colaborativo!”

“Si lo sabes y no lo haces, entonces no lo sabes”. En el trabajo, a todos se nos llena la boca con palabras y frases como ‘equipo’, ‘sinergias’, ‘objetivos comunes’, ‘ser solidario’, ‘hoy por ti, mañana por mí’, ‘remar juntos’, ‘el grupo’, ‘team-work’, ‘socios’, etc. Pero tengo la sensación de que pocos entienden el verdadero significado de ‘colaboración’ porque, en el fondo, tampoco han saboreado los frutos que uno recibe cuando: ‘ayuda al prójimo’, ‘favorece a un colega, ‘asiste al compañero, ‘acompaña o apadrina a un discípulo’, ‘protege a sus compañeros’, ‘apoya a un subordinado, ‘refuerza al grupo’, ‘contribuye’, ‘influye’, ‘secunda’, ‘se asocia’, ‘cultiva’, ‘intercede’ o ‘coopera’. Colaborar es compartir, tanto el esfuerzo como los frutos, y no existe ningún tipo de colaboración cuando unos reman y otros miran, cuando unos pocos ganan mucho y unos muchos ganan poco, cuando unos defienden sus propios intereses y otros luchan por el bien común. El que comparte, siempre gana, y cuando hay castas, jerarquías, rangos, clases e injusticias, nadie gana. Nunca. Para saber si usted es, o no, colaborativo debe preguntarse lo siguiente: ¿qué significado tiene, para mí, la palabra ‘igualdad’?

Tanto en el terreno laboral como en el personal, una persona nunca logrará probar el delicado y exquisito sabor del fruto de la colaboración mientras no entienda 1) que ella no es, per se, mejor que nadie, 2) que no debe esforzarse menos que sus amigos, sus familiares o sus compañeros y 3) que tampoco tiene derecho a obtener más beneficio del que se merece. Los que han colaborado alguna vez en su vida saben que 2 + 2 no son 4, sino mucho más; que repartir es invertir; que para recoger mucho, también hay que sembrar mucho; que los que degustan el refinado sabor de su recompensa ya no quieren probar otra cosa; que colaborar y reprochar, no es colaborar; que aprovecharse no es cultivarse sino enterrarse; que engañar a un socio, a un compañero o a un amigo, significa engañarse a uno mismo; y que acumular montañas de dinero no merecido es sucio, vulgar y tremendamente malo para la salud.

En la biblia, en Mateo 5:3, podemos leer que “Bienaventurados sean los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos” y si bien, en este caso, ser pobre de espíritu posiblemente signifique ser humilde y desprendido, en mi opinión, los pobres de espíritu son aquellas almas opulentas y rancias que han olvidado que los humanos llevamos decenas de miles de años colaborando, los unos con los otros, y que todo lo malo que uno ve y siente a su alrededor es, en gran medida, por culpa de la amnesia temporal de nuestra era digital: por olvidar de dónde venimos, quiénes somos y hacia dónde nos dirigimos… si continuamos por ese camino tan solitario y tan poco productivo.

“Pues hemos nacido para colaborar, al igual que los pies, las manos, los párpados, las hileras de dientes, superiores e inferiores. Obrar, pues, como adversarios los unos de los otros es contrario a la naturaleza”. Marco Aurelio.

Nacho López

Asesor Financiero

NACHO LÓPEZ, dedicado al mundo de la banca de inversión y comercial, al mercado de capitales, al análisis y al asesoramiento bursátil, ha trabajado en los principales bancos españoles y en otros internacionales de primera línea.

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