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DON JUAN, PRIETO, GIL-ROBLES

sábado 01 de abril de 2017, 18:00h
Veinticuatro años sin Don Juan. Veinticuatro artículos por mi parte recordando...

Reproducimos a continuación un artículo de Luis María Anson, publicado en El Mundo, sobre la figura de Don Juan de Borbón, en el aniversario de su muerte el 1 de abril de 1993.

Veinticuatro años sin Don Juan. Veinticuatro artículos por mi parte recordando su figura. Veinticuatro años visitando su tumba en el Panteón de Reyes de El Escorial, con la grata compañía del padre José Luis del Valle y de Luis Reverter, el político socialista que debió ser ministro de Cultura con Felipe González. Tras la muerte de Fernando Álvarez de Miranda, soy el único consejero del Consejo Privado de Don Juan que queda vivo. Y como en los últimos meses algunos periódicos se han referido extensamente al Pacto de San Juan de Luz, entre José María Gil-Robles e Indalecio Prieto, bajo los auspicios de Juan III, voy a referirme a la significación que tuvo aquel acuerdo.

Desde la conferencia de Yalta, en febrero de 1945, Eugenio Vegas Latapié y José María Gil-Robles, dos de los tres consejeros más cercanos a Don Juan, creían que la Restauración de la Monarquía era inminente. Pedro Sainz Rodríguez, tras la muerte de Roosevelt el 12 de abril de 1945, se dio cuenta de que, tapándose las narices, Churchill, Truman y los aliados apoyarían la España franquista ante el riesgo de una España estalinista. En el Westminster College de Fulton, en Missouri, Churchill afirmó: “Desde Stettin, en el Báltico, a Trieste, en el Atlántico, un telón de acero se ha abatido sobre Europa”. Stalin se merendó las monarquías de Bulgaria y Rumanía y pugnaba por saborear el postre de Grecia.

Vegas Latapié y Gil-Robles discrepaban a veces de forma muy agria de Sainz Rodríguez y tenían convencido a Don Juan. A pesar de que Indalecio Prieto había agredido al hijo de Alfonso XIII en un artículo publicado en La Prensa de Buenos Aires, la sabia mano izquierda de Gil-Robles consiguió que el líder socialista entrara en el juego de la posible Restauración. Según Sainz Rodríguez, se conformaba con ser ministro de Obras Públicas. Don Juan decidió que lo inteligente era que ocupara la Presidencia del Gobierno. Un Gobierno que duraría dos años y convocaría elecciones generales constituyentes, devolviendo la soberanía nacional al pueblo español. Las Cortes elaborarían una Constitución que se sometería a referéndum nacional.

La negociación fue laboriosa pero en 1947 el Pacto de San Juan de Luz era un hecho. Gil-Robles lideró al centro derecha español en 1936; Indalecio Prieto, el centro izquierda. Entre ambos representaban al 80% del pueblo español anterior a la guerra incivil. Todo quedó, sin embargo, en agua de borrajas porque, ante la voracidad de Stalin, los aliados habían llegado a la conclusión de que lo mejor era no modificar la situación de España. El anticomunismo visceral del dictador Franco era una garantía en la guerra fría.

Así se lo explicó Louis Mountbatten a Don Juan durante una conversación telefónica en diciembre de 1947, lo que desmadejó la política de Vegas Latapié y Gil-Robles y abrió una nueva etapa controlada por Sainz Rodríguez, que ya no perdió el timón de la causa monárquica juanista hasta que el 14 de mayo de 1977 Don Juan, tras pronunciar un emocionante discurso, abdicó sus deberes y derechos a la Corona española. Allí estuvimos, en el Palacio de la Zarzuela, en representación del antiguo Consejo Privado, José María Pemán y yo. No olvidaré nunca el abrazo que me dio Don Juan Carlos, al que embargaba la emoción y también la admiración que siempre sintió por su padre.